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Cronología de un big bang

Hubo vida antes del big bang. Encerrada en mis ojos conservo la prueba, los frágiles restos de una memoria que se niega a descomponerse, a abandonarse irremediablemente en el océano del espaciotiempo.

Una colección de palabras desgastadas, destellos de un pasado en blanco y negro que conservo grabado en el corazón. Tiempos pretéritos reflejados en la imagen de lo que hoy somos y en lo que nos convertiremos.

Hubo una vida antes del big bang…

Y tú lo sabías ya, pues en este mundo todo fue, todo es y todo será fuego eternamente vivo.

La foto de aquí

3 comentarios para “Cronología de un big bang”

  1. maeko dice:

    “Este orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo dios ni hombre alguno, sino que fue siempre, es y será; fuego siempre vivo, prendido según medidas y apagado según medidas”. Heráclito .

  2. Yelahí dice:

    Abrió los ojos. El mundo, agazapado, vislumbró a la frágil criatura entre la multitud que la vestía con su indiferencia. Al descubrirla, decidió atacar cada uno de sus sentidos con una fuerza dulcemente despiadada. A su alrededor todo parecía luz, y voces y otros mil sonidos diferentes. En el aire habitaban todas las fragancias que uno pudiera imaginar, y aún otras que nadie pudiera. Por un momento pensó que aquello era el fin, que todo terminaba sin tan siquiera haber comenzado. Cerró los ojos aterrorizada, pero no obtuvo de ello alivio alguno. El dolor era inaguantable, era dolor dentro de dolor, envuelto en cientos de capas del más puro desconcierto. Entre las voces creyó escuchar risas, y tan pronto una de ellas moría arrastrada por un viento helado, otras diez nacían con mayor fuerza si cabe. Se burlaban de ella, sí, de eso estaba segura. Se reían de su ingenua osadía, y sus carcajadas se elevaban más y más con cruel deleite al contemplar su justo castigo. Y cuando pensaba que ya no podía resistir más, todo cesó. La luz, las voces. Incluso el aire se quedó sin olor alguno. Tan sólo quedó un dolor sordo, palpitante en cada rincón de su cuerpo. Temblaba como una estrella lejana, como un adiós susurrado a quien ya no está.
    Abrió los ojos. Y si bien la primera vez lo hizo de forma inocente, ahora lo hizo con una expresión deliciosamente asustada. Esta vez el mundo era luz, sí, pero estaba resuelta a aprender a soportarlo. Es más, empezaba a resultar agradable. Pestañeó varias veces, y en el horizonte de su ánimo comenzó a despuntar el amanecer. Comenzó a descubrir colores y formas. De nuevo había risas, pero supo enseguida que no se burlaban de ella. Resultaban tan contagiosas que, sin saber que lo estaba haciendo, ella también aprendió a entonar una sonrisa con sus labios.
    La calle era ancha, muy concurrida. Y si hubiese podido volar, desde lo alto habría visto como las personas formaban un río que la atravesaba. Ella era la roca ante la que las gotas-persona se desviaban, intentando llevarla consigo. Pocos de quienes pasaban junto a ella parecían percatarse de su presencia. Y sin embargo, un instante antes ella no había estado allí. Sí, esa era la verdad. Había surgido de… de… Quizás ni ella misma lo supiera.
    En su mente comenzaban a formarse los primeros pensamientos. No había elegido de forma consciente el lugar, puesto que antes de aquel momento ella no había tenido consciencia, y ni siquiera se daba cuenta de que en su cabeza ahora moraba un lenguaje. Para ella sólo eran pensamientos.

    ‘Lo he conseguido.

    ¿Qué has conseguido?

    Estar aquí.

    ¿Y dónde es aquí?

    Aquí es aquí, ahora, en este lugar y en este mismo instante.

    ¿Y cómo has llegado aquí?

    Creo que… que me imaginé.

    ¿Qué es lo que te imaginaste?

    Me imaginé a mí misma.

    ¿Misma? ¿Por qué sabes que eres una mujer? Es más, ¿sabes qué es una mujer?

    Soy una mujer. Lo sé como sé el resto de las cosas. Sé que eso es un arbol y que lo que respiro es aire, aunque no puedo verlo ni tocarlo… Quizás lo sé porque lo he imaginado también, o quizás al imaginarme a mí misma adquirí todos esos conocimientos.

    ¿Y quién eres? O mejor, ¿quién eras antes?

    ¡No lo sé, no lo sé…! Creo que antes de hoy yo no era nada. Creo que no tenía ni esencia, ni pensamiento. No era nada. Hasta que decidí ser. Existir. Y es maravilloso.

    Tendrás un nombre…

    Claro que sí. Puedes llamarme Yelahí.

    Yelahí… ¿Significa algo?

    Yelahí soy yo, cada partícula de mi cuerpo significa Yelahí. Cada una de ellas y todas a la vez’.

    Con la sonrisa recién aprendida, o tal vez recordada, Yelahí comenzó… comencé a andar por la calle. El río venció a la roca una vez más, me derrotó, y soñé con ser mar. Y no lo recuerdo bien, puesto que hace mucho tiempo que pasó, pero creo que tú también venías conmigo.

    Bienvenida, maeko.

  3. maeko dice:

    Yelahí, gracias por estar, en el lugar correcto y a la hora adecuada, siempre.

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