El árbol de la sandía

 

No sé porqué, pero hoy me ha venido a la mente lo que mi madre me decía cuando, siendo yo aún muy niña, me tragaba sin querer las pequeñas pepitas de las frutas.

Ten cuidado, maeko. Si te comes las semillas, éstas crecerán dentro de tí y más tarde, te nacerá un árbol en la cabeza…

Como es de suponer, la visión de ver como una planta o un árbol te va creciendo en la cabeza, era un tanto aterradora para una niña de apenas cuatro o cinco años. Así que, obedeciendo la advertencia de mi madre, intenté por todos los medios que no volviera a suceder y me juré a mi misma no volver a tragar ninguna pepita más de ninguna de las frutas que volviera a comer en mi vida.

Pero claro, cuando te estás comiendo un trozo de sandía, por mucho empeño que le pongas al asunto y vayas a la caza de la pipa con una cucharilla de postre, alguna se escapa traviesa entre los dientes y acaba pasando del plato a tu garganta.

¡Ayyy, mamá!

¿Qué te ocurre?

Que me va a salir un árbol de la sandía en la cabezaaa… respondí asustada (ingenua de mí, creía por aquel entonces que las sandías crecían en los árboles; pobrecitos ellos)

A ver hija, no pasa nada. Díme lo grande que era esa pepita.

¡Así, así…!

Bah, no te preocupes, es demasiado pequeña como para que pudiera sobrevivir en tu barriga.

¿Entonces, no crecerá ningún árbol?

No, esta vez creo que no…

¿Pero seguro segurísimo?

Te lo aseguro, no te va a crecer ningún árbol de la sandía en la cabeza (claro, porque no existen…)

Menos mal…

Pero para otra vez, ten un poco más de cuidado, ¿vale?

¡¡¡Sííí!!!

No sé porqué, pero hoy recordé las palabras de mi madre y al olvidado árbol de la sandía en un rincón de mi mente. Extraña situación la de estar pensando en una misma viéndose de cría pensando en cosas tan “importantes” por aquel entonces como esas viejas pepitas y las sandías cayendo de su cabeza. Totalmente surrealista.

Bueno, ignoro si esta frase la emplean habitualmente las madres japonesas con sus hijos para evitar que se puedan ahogar con las pipas de las frutas. El caso es que en España no lo es ni les suena de casualidad; en alguna ocasión que conté esta historia, pude comprobar que mis interlocutores me miraban como si fuera una marciana ;)

Hace un tiempo pude ver este cortometraje de animación de Koji Yamamura, titulado Atama Yama (Mt. Head). Así que pensé:

¡No soy una marciana, no soy una marciana…!

¿…o quizás sí?

 

 

 Un consejo,  no os traguéis las pepitas de la sandía (o de lo que sea)… por si acaso ;)

3 comentarios para “El árbol de la sandía”

  1. Nuria dice:

    Qué gracia, ya que a mi me decían lo mismo (te crecerá un árbol en la barriga, Núria!), ya fuera con la sandía o las cerezas.
    Le comentaré este caso a Hideo, a ver que me dice él…
    Un abrazo!!

  2. Luan dice:

    Con tanta fruta me acabo de acordar de “El rey de la sandía” de Daniel Wallace (que también escribió “Big Fish”). Si tienes oportunidad no dejes de leerlo. Cualquier época del año es buena para darse un paseo por Ashland. Pero, ¡cuidado con las pepitas que se esconden entre las hojas!

  3. maeko dice:

    Núria:
    ¿A tí también te lo decía tu madre? ¡¡pues vaya sorpresa más grande que me has dado!! Jaja, si a Hideo le decían lo mismo de pequeñito ya sería la bomba, algo más que tendríais en común los dos ;)

    Luan:
    Gracias por la recomendación literaria. La peli de Tim Burton tiene momentos maravillosos que me encantaron, la ví hace ya un tiempo, pero me dejó una rara sensación. Pienso que se trata de una extrañeza dentro de una filmografía que tiende a ser bastante más gótica. “Big Fish” me resultó inquietantemente “luminosa”.

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