Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 472

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 487

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 494

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 530

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-includes/cache.php on line 103

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-includes/query.php on line 21

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-includes/theme.php on line 623
Fragmentos de una Utopía » Blog Archive » Moonlit tale: I. Crush

Moonlit tale: I. Crush

 

… 

Descorrió levemente las cortinas de la habitación y escrutó el cielo en busca de algún indicio de tormenta. No tardó demasiado tiempo en decidir que no tomaría el autobús aquella tarde; prefería dar un largo paseo por la ciudad y recorrer a pie la distancia que separaba su casa de la apartada sala de proyección.

Se enfundó los guantes negros, enroscó la bufanda amarilla alrededor de su cuello y salió en tromba a la calle en busca de un soplo de aire fresco con que calmar la extraña inquietud que se había apoderado de su alma.

Nada más comenzaron a presentarles, ya tenían la curiosa sensación de haber compartido juntos un millón de experiencias en otras vidas. Porque a veces tan sólo nos bastan cinco minutos para sentir esa cercanía, ese vínculo especial con una determinada persona a la que acabamos de conocer hace apenas un breve instante.

Fue durante una de esas insignificantes conversaciones -de esas que alguna vez todos hemos mantenido en un bar-, rodeados de humo y empujones, cuando ambos comenzaron a darse cuenta de su mutua afición por el celuloide. Y por la música. Y por los bocadillos de calamares.

Así que el día que él apareció casualmente con un par de invitaciones del cineclub para la sesión del miércoles, a ella le fue imposible rechazar su ofrecimiento. Hasta entonces, él había acudido siempre solo a la sala de cine. Y había ido almacenando aquella otra entrada desparejada en el fondo del cajón de la cómoda, porque le apenaba el tener que tirarlas irremediablemente al cubo de la basura. Y poco a poco, sin darse cuenta, se había ido convirtiendo en un experto coleccionista de soledades.

Hacía ya unas horas que el sol se había ocultado tras los edificios y un viento helador barría del suelo las hojas que no habían quedado demasiado ajadas por la llovizna de la mañana. Las calles lucían completamente desiertas bajo la mirada de una luna indiferente.

La quietud de la noche se vio interrumpida por el ruido amortiguado de unos pasos sobre la hojarasca marchita. Un par de figuras se aproximaban apresuradamente desde el fondo de la calle, escasamente iluminada por la vacilante luz de un grupo de estiradas farolas.

Las sombras sortearon hábilmente las decenas de charcos y dejaron atrás la zona descubierta del aparcamiento. El murmullo apagado de sus voces se fue convirtiendo en palabras a medida que se acercaban al abrigo de los edificios. Decidieron entonces pararse un instante frente al escaparate de una frutería. Las ráfagas de aire habían castigado con dureza las mejillas de la muchacha, que tenía las manos completamente ateridas de frío. Él se quitó los guantes de lana y se los ofreció educadamente a ella. Y así permanecieron inmóviles durante largo rato, contemplando silenciosamente las cajas de frutas que se amontonaban al otro lado del cristal.

De pronto, una pregunta inesperada salió de sus labios amoratados:

-¿Cuántos cigarros había en el cenicero?-  dijo él sin apartar la vista del escaparate.

-Mmm…- respondió ella.

-…Así que tú también te fijaste en aquella escena sin importancia…-  añadió.

-Sí- contestó él expectante.

Ella le sonrío y le dio la cifra exacta mientras miraba los ojos de él reflejados en el cristal de la frutería.

-No sé por qué, pero tenía la seguridad de que sabrías la respuesta…- Y sonrió.

Un brillo como de luz de mil soles surgió repentinamente de sus ojos. Y un río de sentimientos comenzaría a desbordarse a partir de entonces, anegando los campos, rompiendo diques, arrastrando a su paso los amargos restos de existencias anónimas. De espejos rotos. De corazones afónicos. De mil vidas repletas de inmerecida soledad.

 …

(Moon Phase: Waxing Gibbous 90% of full)

 

 

 

Fotograma de “House of Games” de David Mamet.

 

 

8 comentarios para “Moonlit tale: I. Crush”

  1. Karmeta dice:

    No lo conocía, tengo que sacar 10 minutos más a este día horrible para ver el video, me ha encantado la entrada. Gracias de nuevo por deleitarnos con estos post. Besitos

  2. Luan dice:

    ¿Existe pasión después del enamoramiento, de ese ‘crush’ que nos vuelve la cabeza del revés? A mí me gusta pensar que sí. Creo recordar que fue San Agustín quien dijo que la medida del amor es amar sin medida.

    Espero que bajo esta luna eternamente cambiante podamos leer un poco más de tu cuento iluminado (y luminoso), siempre juntos bajo su luz en este lugar que has creado.

    Y por cierto, qué maravillosa es la vida ahora que estás en el mundo.

  3. maeko dice:

    Karmeta:
    Gracias como siempre por pasarte. Espero que tu día horrible al final no fuera tan desastroso y que se haya podido arreglar. Besos!

    Luan:
    Pues depende, a veces los flechazos no son más que un embobamiento pasajero, otras son el presagio de un verdadero amor. Bueno, pero también es cierto que no todos los romances se inician con la violencia desatada de un crush.

    Es preciosa la canción, ¿verdad?. En un puñado de palabras de lo más sencillas encierra un universo de sentimientos.

    Gracias a los dos por comentar!
    La continuación del relato, el día 12, que es plenilunio :)

  4. Karmeta dice:

    El día 12 … 12… mañana.. jejeje.. Luna llena?.. supongo que conoceréis mejor que yo los supuestos “influjos” sobre el “agua” y por tanto sobre nosotros.. no sé si creerlos, siempre ha sido uno de mis dilemas, soy un tanto escéptica, eso sí… las estadísticas en cirminalidad se elevan hasta un 35 % será “causalidad” o una mera “casualidad”..?¿ Ainss Maeko los días no es que sean horribles es que me faltan horas.. deberían tener 30 y no 24… me paso mañana a leer la continuación… he decidido que “mi día” tendrá 24,15 h. y esos 15 minutos son para este Blog, ea!

  5. maeko dice:

    Creo que se tienden a buscar causalidades donde en ocasiones tan sólo existe una casualidad, es cierto. También tiendo a ser escéptica en muchas de estas cosas, sólo me creo una estadística, y es que cinco de cada diez personas son la mitad ;)

    Gracias por esos quince minutos, guapa.

  6. Karmeta dice:

    jejeje eres genial!, qué bueno, 5 de cada 10 jaaaaa…. pozi y eso que soy de letras puras jajajaaaaaa… hoy es viernes y tengo 16 minutos, luego vuelvo a releer esta vez en horizontal, prometido. Me estoy enganchando cada día más a este rinconcito.

  7. Yelahí dice:

    Un relato tenue, casi transparente, una tela de araña en mi memoria… Comenzaba diciendo: “Cuando la vi, comprendí al instante que era culpable. Decidí entonces, al acecho de su mirada oscura, entregar el frágil resto de mis días a descubrir cuál había sido su crimen. Y hasta que ese momento llegara, sólo sabría amarla”.

    He olvidado cómo continuaba esta historia de comienzos inacabados. Creo, incluso, que dejé de leer en ese instante. Nunca una sola chispa me había iluminado tanto el corazón, y tuve miedo de que en su final habitaran sombras.

    Gracias por esta chispa. Fue hermosa.

  8. maeko dice:

    Gracias…

Deja aquí tu comentario