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Fragmentos de una Utopía » Blog Archive » Moonlit tale: IV. Chaotica

Moonlit tale: IV. Chaotica

No conseguía conciliar el sueño por las noches.

Todo comenzó con un insomnio autoinducido que, de manera involuntaria, fue escapándose de sus manos y acabó convirtiéndose en una insana costumbre que ya no acertaba a controlar.

De noche, permanecía en vela. Descansaba apenas tres o cuatro horas, cuando vencida por el cansancio, se abandonaba ya sin fuerzas al olvido. Por las mañanas, preparaba bolsitas de infusión para bajar la hinchazón de los ojos y se ponía la máscara que tan hábilmente había aprendido a manejar, antes de salir a la calle. Y nadie se daba cuenta de nada. Porque nadie sabía cómo mirar ese profundo y oscuro pozo en el que se había convertido su mirada.

Apagaba la luz de la habitación y se acostaba en la cama con la vista clavada en el techo. Tremendamente exhausta, pero no lo suficiente aún como para cerrar sus fatigados ojos. Y así esperaba siempre, paciente, hasta que los habitantes de la casa hubieran caído ya rendidos en brazos de Morfeo.

Ni siquiera sabía cuánto tiempo permanecía en este estado, tumbada sobre la cama, con la mirada observando el vacío de la habitación, mientras su mente divagaba entre penumbras y amargos pensamientos. Por encima de su cabeza, observaba cómo flotaban lenta, cruelmente, sus recuerdos. Imágenes y más imágenes que surgían de las profundidades de su memoria, entremezcladas, salpicando de sentimientos las oscuras paredes.

Y de repente, en la quietud de la noche, comenzaba a sollozar.

Era tanto el tiempo que transcurría hasta que tenía la certeza de que nadie -absolutamente nadie- podía escucharla, que un río de lágrimas se apretujaba tras sus ojos. Y una tormenta de violencia inusitada estallaba entonces en aquella habitación. Hundía rápidamente su cara en la blanda almohada en un intento por acallar el sonido salado de sus sentimientos. Pero los ríos fueron convirtiéndose en lagos, y los lagos en un mar. Y ya no había almohada en este mundo capaz de frenar aquella marea.

A menudo tenía extraños pensamientos y creía, asustada, que hacía tiempo que había dejado de pertenecer a la raza humana. Porque el común de los mortales sería incapaz de llorar tanto como ella lo había hecho durante semanas. Durante meses incluso.

Un día decidió que no volvería a llorar nunca más. Se lo prometió a sí misma. Y desterró la almohada de su habitación.

Pero se trataba de un reto bastante difícil de llevar a cabo. Porque los ríos de lágrimas no paraban de fluir continuamente hacia ella. Y la vieja almohada capaz de frenar aquella inundación ya no existiría nunca más.

Poco a poco, se fue convirtiendo en profesional en tragarse los sentimientos. La primeras lágrimas que se quedó dentro morían en su garganta. Pero se clavaban como enormes cuchillos afilados, rasgando su alma y acrecentando las heridas en su corazón. Sentía una punzada inmensa cada vez que el menor lamento pretendía asomar por su boca. Pero se la apretaba como podía con ambas manos y así evitaba que saliera al exterior. Y noche tras noche, soportaba un infierno de dolor y angustia en vida.

Ya no se oirían más quejidos ni sollozos en la quietud maldita. Nunca. Aunque lo que no consiguió jamás fue dejar de llorar. Porque entonces, hubiera tenido que dejar de pertenecer a la raza humana. O acaso, desaparecer para siempre.

Sin embargo, aprendió a controlar aquella lluvia en un absoluto y doloroso silencio. Mientras las lágrimas seguían resbalando calientes, amargas, por su rostro. Mientras su cuerpo tembloroso y triste intentaba,  a duras penas, curarse.

Fue así como su torturada alma, descompuesta, abatida, iba marchitándose lentamente. Completamente sola, abandonada a su suerte.

Y ya no soñaba con hallar un pequeño milagro que mitigara aquellas heridas. Las provocadas por unos recuerdos de aquel pedazo de vida que un lejano día pudo acariciar entre sus manos.

(Moon Phase: New Moon 0% of full)

Fotografía de flickr

Entradas relacionadas:

Moonlit tale: I. Crush

Moonlit tale: II. Sea in flames

Moonlit tale: III. Running through magnetic fields

4 comentarios para “Moonlit tale: IV. Chaotica”

  1. Luan dice:

    Qué triste esta luna nueva, maeko. Espero que una nueva almohada acoja sus sueños y, si tiene que llorar, que ya no lo haga sola.

  2. maeko dice:

    Sí, Luan, un tanto amarga esta luna oscura que nos acompaña esta noche.

    No sé si todos tendremos o no suficientes almohadas en esta vida, lo realmente estupendo sería que nunca tuviéramos que llorar de tristeza. Al menos, no de esta manera.

    Gracias por pasarte, un abrazo.

  3. Belén dice:

    Que malo es tragarse las lágrimas, querida!

    Porque salen, en la tripa, en el cuello, o se almacenan y cuando se deciden por salir, no hay forma de pararlos!

    Besicos

  4. maeko dice:

    Llorar a voluntad, hasta hartarnos si es necesario, es un paso esencial para sobreponerse a una pérdida y comenzar a reconstruir el alma herida.

    Estás en lo cierto. Resulta malísimo y contraproducente el tratar de evitarlo. Porque las lágrimas se las saben todas y excavan nuevos agujeros por donde escapar -qué astutas ellas-, aunque coloquemos miles de ‘cortalágrimas’ en nuestro sistema.

    Besos también para ti.

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