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Fragmentos de una Utopía » 2009 » Febrero

Archivo de Febrero, 2009

Rompecabezas

Sábado, Febrero 28th, 2009

 

Nocturno desvelado,
leves crujidos pincelan un indicio.
Confuso, un croquis sobre cristales de agua.

Resuenan acertijos, agridulces
los decorados se desmoronan,
enredando vacíos
en el filo de una palabra.

Tras el laberinto invisible
-de anhelos y silencios,
de alambicados arabescos y susurros en tecnicolor-
los desnudos bocetos de un subjuntivo.

Y bajo alfombras plateadas,
agazapado,
el campo de tréboles.

 

 

 

La persistencia de la memoria

Miércoles, Febrero 25th, 2009

La madrugada del lunes me llevé una agradable sorpresa: dos producciones niponas resultaron vencedoras contra todo pronóstico en sendas categorías en la ceremonia de los Oscar de este año.

Apuntada queda en mi agenda “Okuribito” de Yojiro Takita, que a fecha de hoy, se encuentra pendiente de encontrar algún canal de distribución para su estreno en salas españolas, aunque seguro que la concesión del Oscar en el apartado de mejor película extranjera, facilitará bastante las cosas en este aspecto (cruzo los dedos para que así sea).

Únicamente conozco de esta cinta una breve y sugerente sinopsis -la historia de un músico que pierde su trabajo y decide volver a su ciudad natal, donde comienza a trabajar en una funeraria-. Tan sólo espero que su posterior desarrollo en la trama no resulte previsible y consiga alejarse de esos lugares comunes, tan habituales y trillados, que pueden observarse en el cine actualmente.

Aquí os dejo con “La maison en petits cubes” de Kunio Kato, ganadora del Oscar al mejor corto de animación de este año.

He leído varias opiniones acerca del significado de este cortometraje. Personalmente, mis sensaciones después del visionado se dirigen hacia el sentido más metafórico de la historia, que he intentado resumir de la manera más breve posible en el título de esta entrada.

Espero que lo disfrutéis.

La maison en petits cubes:

(Si no puedes verlo en el blog, pulsa aquí)

Se agradece que de tanto en cuanto se premien trabajos como éste que destacan, entre otras cosas, por su profunda sencillez.

Los premios y demás galardones a menudo no resultan ser unos termómetros fiables y contrastan con la calidad de determinados trabajos. No es el caso que nos ocupa, pero quizás éste u otro tipo de reconocimientos sean necesarios para animar al público más generalista a conocer y valorar esas otras producciones que suelen llevar colgada la etiqueta de “independiente” o “de culto” , o que tienen -desgraciadamente- poca o nula difusión a nivel comercial.

“La maison en petits cubes”, un pequeño guiño para todas aquellas personas que pensaban que en Japón sólo existía la animación basada en los típicos estereotipos del estilo manga.

Y aquí, otro ejemplo más para salir de la confusión.

Room 126E

Sábado, Febrero 14th, 2009

 

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

 

Julio Cortázar, Rayuela

 

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Foto en pullips.com

 

Bizcocholateando

Viernes, Febrero 13th, 2009

En Japón, es costumbre que las mujeres regalen chocolate (en forma de bombones, tabletas, etc…) a los hombres con motivo de la festividad del día 14 de febrero, San Valentín.

Resulta un hecho un tanto chocante porque, tratándose de un país en el que la proporción de personas que profesan la religión cristiana constituye una minoría entre sus habitantes, esta tradición es tremendamente popular y lleva festejándose desde el año 1936 (si no me he equivocado en mis indagaciones). La celebración del día de este santo en Japón es, por tanto, relativamente reciente en su historia y, cómo no, ligada a los intereses comerciales de una empresa chocolatera.

Lo que comenzó como una campaña de marketing de la compañía japonesa Morozoff para aumentar las ventas de sus productos, acabó convirtiéndose en una moda un tanto absurda, una excusa para la compra compulsiva de mi amado cocholate. Lo reconozco sin reparos, soy chocoadicta y no me arrepiento por ello.

En este día, el chocolate se suele regalar a la pareja, los amigos, la familia, los compañeros del trabajo o de estudios, y los escaparates de los establecimientos se llenan durante estas fechas de multitud de variedades de bombones y otras delicias chocolatosas.

Una pequeña puntualización: si estos dulces están elaborados artesanalmente, por uno mismo en casa, entonces encierran un mensaje con mayor carga sentimental y, en consecuencia, suelen regalarse a las personas más queridas o a aquellas con las que nos unen vínculos emocionales especiales. Para el resto de personas, el presente consistirá en un regalo de cortesía, por regla general, paquetitos de bombones manufacturados comprados en uno de los miles de stands preparados al efecto en los comercios para tan romántico y prefabricado día.

La particularidad del asunto en Japón, es que los hombres que recibieron su chocolate en San Valentín a su vez devolverán un regalo en contrapartida, pero justo un mes después. El 14 de marzo, conocido allí con el nombre de “White Day“, se llama así porque ellos correspondían regalándoles chocolate blanco a ellas (de ahí lo de white), entre otras cosas.

Pero desde hace varios años, el Día Blanco ha ido degenerando y se ha convertido en el día del pagodelchantajedesanvalentín, puesto que se trata de una devolución cargadita con unos intereses en proporción mucho más elevados que los correspondientes a una señora hipoteca.

Aunque, por supuesto, sobra decir que esto no es algo que haga TODO el mundo a rajatabla en Japón (vamos, lo mismito que ocurre aquí en España con este dichoso día y los regalos de sancortinglés; hay gente que regala y otros que pasan del asunto, pues opinan que el día de los enamorados es tan sólo otra forma que se han inventado para sacarnos los cuartos).

Y con lo del White Day, idem de idem, están los que no regalan nada de nada, los que ofrecen un sencillo detallito y los pobrecitos resignados que acaban gastándose auténticos dinerales. Hay alguna aprovechada y listilla suelta que por una caja de bombones de 500 yenes quiere (prácticamente exige) que se le regale a cambio un bolsito de Xhanel de triquicientos mil :P Pero la gran mayoría de las japonesas no actúan de esta manera, que quede claro.

Pues aprovechando que mañana es San Valentín y que el Manzanares pasa por Madrid, he hecho un riquísimo bizcocho de chocolate para llevar al trabajo e invitar hoy a mis compañeros (tanto a los chicos como a las chicas). Sobre todo, porque mañana es sábado y no me toca trabajar ¡yupi! :)

Durante el almuerzo, algunos solemos reunirnos en una salita habilitada en mi empresa a tal efecto y  de vez en cuando llevamos algo especial de casa para compartir con el resto (galletas, tortilla de patata, pastelitos varios…). Mientras nos lo comemos, charlamos de todo un poco, intentamos arreglar el mundo y cosas por el estilo. Aunque, pensándolo más detenidamente, creo que la conversación acaba degenerando (como lo hizo en su día el espíritu del día blanco) hacia un mismo temita, el de siempre, el que algunos en mi empresa dicen medio en broma que se trata del ÚNICO realmente interesante para el ser humano, jajaja.

También creo que aprovecharé esta ocasión y llevaré una de las tabletas de chocolate con regaliz que aún me quedan y que me traje de Helsinki el año pasado. A mí me encantan, pero reconozco que no a todo el mundo le gusta el sabor amargo del regaliz.

Por cierto, el bizcocho lo tengo ya terminado (no como en mi pésima foto del encabezado, pero es que la neurona no daba para más). Le faltaba el recubrimiento exterior de chocolate y tres capas de relleno en su interior, dos de dulce de leche y otra más de cacao… El resultado, una pequeña obra de chocoarte ;) Espero que les guste a mis compañeros, en directo tiene una pinta estupenda y parece que está delicioso (confirmado: lo está) :D

Bueno, tampoco importa demasiado, porque aunque supiera a rayos, seguro que se lo iban a zampar todo enterito. Son una gente estupenda. Y mientras, estaremos intentando arreglar este mundo y el de pasado mañana también y acabaremos, cómo no, hablando del dichoso monotema…

En definitiva, como siempre…

Moonlit tale: V. Untitled song…

Lunes, Febrero 9th, 2009

 

Caminé sonámbula tras un espejismo,
intentando capturar un corazón helado con cucharillas de arena.

Me escondí tras la sombra del maremoto,
empeñada en hacer malabarismos con los descosidos de este alma.

Nunca aspiré a ser experta en juegos de manos,
una insoportable soledad se instaló cual herrumbre tras mis párpados salinos.

Y durante un millón de kilómetros caminé a la deriva con los pies desnudos,
mientras mis venas se marchitaban bajo la luz de siete lunas distantes.

Qué delgada es la línea que separa el infierno de la tierra si las heridas,
a cada paso, se alimentan con los filos acerados de un espíritu desgarrado.

Un amanecer me alcanzó inesperado liberándome del oscuro sueño,
su melodía disipó los fantasmas, los enterró bajo los océanos secos de Mercurio.

Las tiritas que cubrían el desconsuelo se desintegraron en mis ojos,
y derribé con mis manos el muro de sus vencidas promesas de hojalata.

Hoy puedo gritarle al viento que soy una superviviente,
al fin he recuperado las perdidas llaves de la derruida fortaleza.

Y qué delgada aparece la invisible línea entre la tierra y el paraíso,
ahora que mi sonrisa es eterna y se refleja cálida en el jaspe de tu mirada.

 

(Penumbral Lunar Eclipse)

 

Fotografía de flickr

 

Entradas relacionadas:

Moonlit tale: I. Crush

Moonlit tale: II. Sea in flames

Moonlit tale: III. Running through magnetic fields

Moonlit tale: IV. Chaotica

 

Sinsentido e insensibilidad

Domingo, Febrero 8th, 2009

 

Maeko y un compañero de su trabajo tuvieron un accidente con el coche. Ocurrió el mes pasado, pero no lo había contado hasta ahora porque ella me dijo que no lo hiciera. Mis papás me enseñaron que cuando una persona te cuenta algo muy pero que muy importante, como un secreto o algo así, y te pide que no se lo digas a nadie, hay que respetar esos deseos si no quieres que esa persona se ponga muy muy triste.

Ahora maeko está más alegre y me ha dado su permiso para contarlo. A veces he oído cómo decía que el tiempo todo lo cura, pero no sé a qué podía referirse con esto. Es un misterio para mí, porque no entiendo muy bien qué tiene que ver que llueva o salga el sol con ir al médico. Tampoco comprendo muy bien cuando ella me cuenta que a veces el tiempo parece que vuela en un avión y otras veces va andando con muletas. El año pasado me enseñaron en el colegio que todos los días tienen veinticuatro horas, una hora sesenta minutos y cada minuto, sesenta segundos, así que me siento un poco confusa con todo ello. Creo que mañana le preguntaré a mi profesora si existen los minutos que tengan menos o más de sesenta segundos, sí.

El compañero de maeko es un chico muy prudente al volante. Eso es lo que maeko me ha explicado y siempre suelo confíar en lo que ella me dice. Es de los que siempre respeta las señales en la ciudad y se para en los pasos de cebra para dejar pasar a los peatones. Nada más conocer esto, me ha caído muy simpático. Lo digo porque a veces me da miedo cruzar por ellos. Aunque el semáforo esté en verde para que pasemos nosotros (ese color de luz se parece a los ojos de mi amiga Anita y son super bonitos), hay muchos coches que se los saltan sin querer queriendo y tienes que poner mil ojos y pasar muy rápido por si acaso te pueden atropellar. Yo pienso que se llaman “de cebra” y no de otra manera, porque tienes que pasar corre que te corre muy rápido como ellas si no quieres que te muerdan los “leones-coche” en las piernas.

 

 

El día del accidente, el compañero de maeko se paró para dejar cruzar a unos peatones porque es muy majo. Además, siempre mira por los espejos para comprobar que no viene ningún otro coche demasiado rápido por detrás suyo. Eso es lo que me lo contó maeko. También, que aquel día miró y, como no venía nadie más, pues frenó frente al paso de cebra.

Cuando sea mayor y conduzca un coche, yo también haré esas mismas cosas.

Maeko me contó que ella estaba distraída mirando por el cristal, porque estaba escuchando una canción de la radio. Que de repente sonó un boomm tremendo y que salió disparada hacia delante. Uff, menos mal que llevaba el cinturón de seguridad puesto, si no, se habría hecho muchísimo más daño. El golpe fue tan fuerte, que hasta se le saltaron las gafas de la cara. Tuvo suerte, porque se le cayeron encima de las rodillas y no se le rompieron… menos mal.

Casi estuvieron a punto de pillar a la pareja que cruzaba pero, como de milagro, todavía no habían pasado por delante. Maeko me dijo que el señor peatón y la señora peatona se les quedaron mirando un rato con cara de enfado y luego se marcharon de allí pitando (jolines, cuando alguien habla de esto siempre me imagino a las personas como si fueran árbitros de fútbol, no puedo evitarlo). No fueron a preguntar cómo se encontraban ellos, o la niña pequeñita que viajaba en el coche de atrás, ni llamaron a una ambulancia, ni a la policía.

Actuaron como si fueran unas cebras perseguidas por los leones y se marcharon de allí corriendo corriendo.

A maeko y a su compañero les hicieron unas cuantas radiografías. Me estuvo contando que son como unas fotografías en blanco y negro de nosotros mismos, pero de los huesos que tenemos dentro. Creo que de pequeña me hicieron unas fotos de esas. Un día se me rompió una cosa que me gustaba mucho y como no se podía arreglar, pues me puse a correr hacia atrás para ver si podía volver otra vez al pasado y desestropearlo. Pero lo único que conseguí fue caerme porque no tengo ojos en el cogote y me rompí el brazo izquierdo.

 

 

Recuerdo que me quedé tumbada boca arriba en el suelo y la gente me estaba mirando como si fuera una extraterrestre. Yo me puse a llorar porque se me había caído un pendiente que me había regalado mi mamá, pero un señor muy simpático lo encontró y me lo devolvió.

Las radiografías son un poco rollo porque son tan grandes tan grandes, que no se pueden poner en un álbum de fotos. Pero cuando te rompes un hueso, te ponen una escayola y luego tus amigos te escriben dedicatorias y te hacen unos dibujitos muy chulos.

He oído decir a mis papás muy bajito que maeko estaba como un zombi estos días, aunque pensé que para eso había que estar muerto. A veces me pasa que no entiendo muy bien lo que significan las palabras de los mayores, porque dicen cosas demasiado complicadas para mí.

A maeko el doctor le ha recetado unas medicinas muy fuertes que le dejan K.O. (he tenido que preguntar cómo se escribía esto porque no lo sabía) y si se despierta antes de que se le pase el efecto de las pastillas, puede tener amnesia temporal, que no sé lo que es, pero suena fatal.

Me ha dicho que estas semanas no se ha conectado mucho a internet porque le dolía un montón la espalda y le costaba estar sentada. Que ha tenido la cabeza “en otro sitio” y que por eso tampoco ha escrito mensajes. Hmmm, lo del “otro sitio” me ha intrigado muchísimo, así que después he estado un buen rato dando unas vueltas a su alrededor para encontrar alguna cremallera en su cuello o en la cabeza, pero no he podido verle ninguna. No sé cómo ha podido separar la cabeza de su cuerpo. Debe ser algún tipo de magia que no conozco todavía. Qué rabia, se lo preguntaría a ella, pero ahora está un poco cansada. 

 

 

Creo que lo que hicieron las dos personas que se marcharon fue muy pero que muy feo. En el mundo hay personas buenas y malas, ójala que a las malas les salieran todas las fotografías deformes en blanco y negro, como las radiografías cuando se te rompe un hueso.

Maeko me ha explicado que el mundo no es tan fácil de explicar ni de arreglar como yo pienso. Que es cierto que esos peatones actuaron de forma pésima, pero que no hay que desearle el mal a nadie. Que quien actúa así no tiene por qué ser una malísima persona para el resto de las cosas. Y que no me preocupe más por este asunto.

No he podido evitar pensar sobre todo lo que me ha dicho maeko. Me he tirado un rato bastante largo juntando en mi cabeza los datos sobre lo que ha ocurrido y he llegado a dos soluciones posibles: o bien, a la señora peatona se le había caído un pendiente y tenían los dos mucha prisa por marcharse porque lo estaban buscando, o puede que estuvieran tomando las mismas pastillas de amnesia que maeko y por eso andaban como unos zombis. También hay otra opción, que esos dos sean unos bichos malos requetemalos, pero… qué culpa tendrán de todo esto los pobrecitos bichos, ¿verdad?.

No sé, no sé… creo que lo mejor será que mañana le pregunte también esto a mi profesora, a ver qué opina sobre ello. Mi mamá dice de mi profe que es una santa, tampoco sé qué demonios querrá decir con estas palabras.

Pensaba que para ser santo, también había que estar muerto…

 

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