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Fragmentos de una Utopía » Blog Archive » Caleidoscópico amanecer

Caleidoscópico amanecer

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-Soy capaz de cantar cualquier canción que me pidan… Díme cuál es tu favorita, la que tú prefieras, que yo la cantaré entonces para ti - me dijiste un buen día.

Me quedé sin palabras, atónita, sin saber qué responder ante tan insólito ofrecimiento.

Interpretaste mi silencio como una invitación a traspasar el umbral de la puerta y así comenzaste a narrarme, poco a poco, la extraña historia del muchacho que se dibujaba una sonrisa en la cara y dedicaba su vida a cantar canciones ajenas a quien se lo pidiera.

La gente solía pedirle al chico con relativa frecuencia que se aprendiera un montón de melodías (dificilísimas todas ellas, of course) y entonces él trataba de aprendérselas de memoria, imitando a la perfección las voces de todos y cada uno de los intérpretes. Todo por ver una pequeña chispa de felicidad en aquellos ojos desgastados. Quizás por sentir que podía convertirse en un ser especial para alguien, al menos tan sólo por un instante.

No sé si recuerdas que en ese punto comenzaste a darme la serenata, tarareándome las estrofas de algunas de las tonadas en voz alta y dejándome los tímpanos un tanto doloridos -todo hay que decirlo- por el volumen exagerado que salía de tu garganta.

En tono orgulloso comentabas que todos se quedaban epatados con la  prodigiosa voz de ese chico. Y que lo de imitar a cualquier intérprete era para él como un juego de niños.

Mientras, seguías intercalando una y otra estrofa entre los fragmentos de nuestra conversación y yo me preguntaba en secreto por el motivo de toda aquella singular representación. Si sólo lo hacías para impresionarme o tal vez estabas aburrido y no sabías de qué demonios hablar conmigo, porque apenas nos conocíamos.

Me pregunté igualmente cuál sería la razón que movía al muchacho a realizar aquel acto de forma tan desinteresada. Por qué cantaba sólo las canciones que le pedían los demás y no las suyas propias.  Por qué se escondía de su propia voz, ocultándola, disfrazándola siempre debajo de esas otras que trataba de imitar. Y por qué me ofrecía a mí que eligiera una entre un millón y en cambio, no se atrevía a cantar aquello que más le gustaba. Supongo que una cosa es hacer un trabajo por encargo, donde no es necesario poner toda la pasión ni el sentimiento y otra muy diferente, desnudar tu alma y tu corazón ante una cuasi-desconocida.

Una nueva oleada de cánticos consiguió que todos estos pensamientos se desvanecieran de mi mente y todas las preguntas que me formulaba se quedaran sin respuesta.

- No sé, no sé… dudé.

Que alguien se ofreciera como cantante por horas era algo sumamente extraño que no ocurría precisamente todos los días… pero también bastante arriesgado. Una canción puede revelar mucho de uno mismo, incluso cuando se intenta por todos los medios conseguir el efecto contrario.

Siquiera pensar en esa posibilidad hacía -no sé la razón- que me entrara la risa, así que intenté contenerla como pude mirando disimuladamente hacia el lado opuesto al que en ese momento te hallabas, pero no te diste ni cuenta de mis esfuerzos, enzarzado como estabas en mostrarme la capacidad de entonación de tus cuerdas vocales.

- De acuerdo - te dije de repente, quiero que me cantes ESTA canción…

…La más difícil para el tono de tu voz  que mi castigada mente acertó a pensar en una décima de segundo (aunque eso tú no lo supieras entonces porque me guardé esa información para mí solita en aquel instante).

- No la conozco.

- No te preocupes, mañana mismo te paso un cd para que te la puedas aprender.

Y así fue. Te pasé la canción y reconociste que era bastante complicada. Añadiste que quizás te iba a llevar más tiempo del que suponías el poder aprendértela y ofrecerme una actuación de esas que quedan grabadas en los anales de la historia.

Tengo que decir que me desilusioné un poco, aunque te confieso que en el fondo también saboreé el dulce aroma de la victoria.

Pasaron los días, las semanas, los meses. Y yo te imaginaba ensayando bajo la ducha, canturreando mientras te lavabas los dientes, tarareando las estrofas en el coche y mientras pasabas las horas muertas en la oficina.

Pero transcurría el tiempo y por más que yo esperaba y esperaba, aquella actuación prometida no llegaba nunca.

Un día apareciste con un libro.

- Toma, te lo regalo - me dijiste.

- Te lo agradezco, pero… ¿y mi canción?

- La canción es demasiado difícil para mi, lo he intentado con uñas y dientes, de veras que sí, pero ya no tengo la misma voz que tenía hace unos años. La he perdido. Y no quiero hacer el ridículo ni decepcionarte.

Me quedé un poco chafada al escuchar aquello… hasta me había comprado un vestido nuevo para una ocasión tan especial… En serio.

- Así que a cambio te regalo este libro, con todo mi cariño, espero que sepas comprenderlo.

Por supuesto que lo comprendí… cuando comencé a leer ese -complicadísimo- libro del me quedé enganchada/atascada poco más allá de la página 81.

- Qué puñetero- pensé, me la ha metido doblada el chico éste…

Y varias veces he intentado durante este largo tiempo retomar su lectura. E imagino que de igual manera, tú habrás intentado entonar nuevamente mi canción. ¿Sin éxito? Sólo yo lo sé. O acaso tan sólo tú conoces la respuesta.

Ha transcurrido ni sé cuánto desde aquello. Y tal y como sucede en el libro, tú, ella, yo y él, han acabado entremezclándose en este extraño juego en el que yo era tú y tú acababas siempre siendo yo.

Y como no podía ser de otra forma, todo ha terminado de la única manera posible para ambos.

Los dos… nos hemos echado a reír.

 

Una canción:

 

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… Y un libro

 

5 comentarios para “Caleidoscópico amanecer”

  1. Luan dice:

    Una pena lo del vestido, habrá que mandar un tirón de orejas para el cantante derrotado. El libro me lo apunto, no tiene mala pinta.

  2. Belén dice:

    :)

    Bonita historia, guapa

    Besicos

  3. maeko dice:

    Luan:
    Eso me pasa por comprarlo antes de tiempo, jaja. En cuanto al libro, espero acabar de leerlo algún día (o año) de estos…

    Belén:
    Parece ser que al final todo se quedó en tablas ;)

    Besos, gracias por comentar!

  4. Yelahí dice:

    Espero que cuando llegues a la cumbre de la montaña escuches su canción. Sería una simetría de lo más borgiana.

  5. maeko dice:

    Hmmm, y sería curioso que su música llevara sonando allá arriba desde antes siquiera de haber comenzado la escalada. O que la montaña no tuviera sentido alguno sin la melodía (y viceversa) ;)

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