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Fragmentos de una Utopía » 2009 » Mayo

Archivo de Mayo, 2009

El viejo álbum repleto de fotografías que nunca existieron

Domingo, Mayo 3rd, 2009

 

  

 

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A veces echo de menos el sabor de la tarta con fresas y nata -tu preferido- que servían en aquella cafetería con nombre de disco de Bruce Springsteen y techo con formas hexagonales, cerca de la Puerta del Sol.

La primera vez que lo viste en aquel escaparate, no pudiste evitar pararte a contemplarlo. Y a mí se me hacía la boca agua ante semejante obra de arte culinaria. Los precios del establecimiento eran demasiado elevados para un bolsillo medio, pero aquel pastel enorme parecía estar hablándote desde el expositor, así que miraste el dinero que llevabas en el billetero, me tiraste de la mano y entraste con paso decidido en el local.

Le pediste al camarero que te sirviera una ración de aquella sabrosa tarta y que, si no le importaba, añadiera dos cubiertos en lugar de uno. Un vaso de agua -que era gratuito- completaba la consumición, pues el presupuesto del día no daba entonces para mucho más…

Regresar a la misma cafetería y admirar desde la calle aquella maravilla, se convirtió en nuestro pequeño ritual a lo largo de varios años de mi niñez cada vez que volvíamos por la misma zona de Madrid. Además de una delicia para los sentidos. De vez en cuando, entrábamos y nos pedíamos una única ración de tarta junto con un par de tenedores. Y un vaso de agua también. Faltaría más.

Hace unos cuantos días me reencontré con un pequeño grupo de fotografías extraviadas que se habían colado por descuido entre los libros y los dvd de una de las estanterías. Ojear de vez en cuando viejos álbumes repletos de viejas fotos ha sido algo que, en cierta medida, siempre me ha gustado, pero que a la vez me llena de una extraña melancolía por todo aquello que un día fue, por todas aquellas personas que hoy ya no están o que se encuentran demasiado lejos de aquí. Y de mí.

Esas fotografías recuperadas del olvido me hicieron pensar en las que acabaron perdiéndose irremediablemente no se sabe bien por qué motivo, o peor aún, en todas aquéllas que nunca jamás llegaron a hacerse y que merecieron haber existido. Para poder volverlas a ver, al menos, una, cien… mil veces más.

Un día como éste. O como otro cualquiera.

Porque me hubiera gustado verme, ver cómo era yo, en algunas situaciones de un pasado que atesoro con especial cariño. Porque a ti te recuerdo perfectamente tal y como eras. Tu impresión en mi memoria permanece imborrable.

Como cuando decidía cubrirme el rostro con uno de los cojines del sofá, el que tenía más a mano, tratando así de no ver las escenas más sangrientas de la película de turno, mientras me decías que me avisarías cuando hubieran acabado.

Yo siempre picaba como una tonta -asustada como estaba- y a tu indicación, me quitaba el cojín de la cara antes de que las escenas horribles hubieran terminado (aunque reconozco que tampoco eran tan tremendas, al fin y al cabo). Y entonces allí estabas tú, delante de mí, con las imágenes terroríficas de fondo, intentando componer una cara monstruosa con la que pegarme un susto tremendo. Pero al final, en lugar de llorar de miedo, lo hacía de risa, porque tu interpretación era un auténtico esperpento…

Supongo que ese es uno de los motivos por el que las películas de terror no me infunden tanto miedo, sino más bien todo lo contrario. En mitad de la escena más sobrecogedora, a veces no he podido evitar echarme a reír en la negritud de la sala del cine, así que es posible que algunas personas hayan llegado a pensar que estaba un poco chalada… aunque eso es algo que nunca me ha importado demasiado. 

Creo que darle el justo valor a las situaciones y a las personas, además de (son)reír son dos de las mejores cosas que me enseñaste a hacer en esta vida. También, te debo el impregnarme de esa cabezonería tuya (dicen que de tal palo, tal astilla), de ese espítitu de lucha y de tu enorme capacidad de sufrimiento, que me han servido durante todos estos años para intentar superar (con mayor o menor fortuna) los momentos más duros y difíciles de mi existencia. E intentar ver, siempre, el lado positivo en cada situación, aunque a menudo sea tan difícil encontrarlo y me sienta derrotada.

Hoy la vieja cafetería donde degustábamos la mejor tarta con fresas y nata de Madrid, ya no existe. En su lugar, desde hace años, las ruidosas máquinas de unos salones recreativos ocupan el espacio de aquellas mesas de estilo setentero en las que nos sentamos un puñado de veces.

Cuando paso por delante, no puedo evitar mirar de refilón dentro del local, por ver si consigo verte a ti, a las dos, entre fresas, tenedores y vasos de agua de grifo.

Porque aunque la cafetería con nombre de disco de Bruce Springsteen ya no exista, nadie podrá borrar jamás de mí esas imágenes, fotografías que nunca llegaron a plasmarse en un papel.

Aquellas hermosas huellas de nuestro pasado. 

 

 

 Fotografías sacadas de google