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El mes pasado tuve el honor de asistir como invitada a una boda hispano-checa que se celebró en la bellísima ciudad de Praga. En términos generales, la sociedad checa es bastante descreída en cuanto a temas religiosos se refiere, hecho éste que sorprende bastante, teniendo en cuenta que el casco histórico de la ciudad se encuentra repleta de monumentos de carácter religioso por doquier.
Quizás sea ese escepticismo uno de los motivos por el que la mayor parte de las bodas que se celebran -al menos en Praga- sean de carácter civil y los palacetes, las mansiones señoriales o el ayuntamiento, se convierten en los escenarios idóneos para celebrar las ceremonias nupciales.
Una típica boda civil checa es similar a una española: rápida, sosa, impersonal. El funcionario de turno les suelta a los novios un breve discurso (lectura incluída del patrimonio económico de los contrayentes), a continuación se produce el intercambio de los anillos, seguido del beso de rigor y como colofón, los novios (ya convertidos en marido y mujer) brindan con champán a la salud de todos los asistentes.
En definitiva, la ceremonia resulta no ser gran cosa (lo verdaderamente interesante transcurre durante el banquete), aunque tengo que añadir que también hubo varias cosas encantadoras, como algún que otro momento divertido durante la traducción del checo al castellano, la exquisita ambientación musical -violines incluídos- y principalmente, que se celebró en un lugar incomparable, Vrtbovská zahrada, el jardín barroco más bello de Praga.

Vrtbovská es un monumento cultural registrado en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO y uno de los rincones con más encanto, pero a su vez, más desconocidos, de la ciudad, por su limitado calendario de visitas. Como nota, decir que durante el mes de agosto tan sólo se celebraron 2 bodas en el recinto (incluída ésta a la que asistí).

En Chequia una boda dura todo el día, así que lo más recomendable es llevar un calzado que sea lo más cómodo posible. Por la mañana transcurre la ceremonia; la tarde se reserva al convite en el que se suele servir un entrante, sopa, un plato principal -tradicionalmente alguna variante de cerdo o solomillo de res- con knedlíky y col, dulces y por último, el café.
(Tengo que quitarme el sombrero ante la abuela de la novia, que se encargó de preparar decenas de pasteles de Hlučín (típicos pasteles redondos que se sirven especialmente en bodas y demás celebraciones festivas). ¡Estaban deliciosos!)

Y ya entrada la noche, con carácter algo más informal, se celebran los bailes y se servirá el raut, una mesa-buffet donde cada uno se sirve a su gusto cochinillo asado, chlebícky (montaditos de rebanada de pan y embutido), jednochubky (canapés), okurky (pepinillos), alguna tabla con fiambres y quesos… entre otras cosas.

En toda boda checa que se precie, existen una serie de tradiciones nupciales que se mantienen y respetan, como estas dos que os relato a continuación.
Antes de entrar al lugar del convite, los recién casados son recibidos por un miembro del personal del restaurante quien les da la bienvenida y brindará junto con ellos. Acto seguido, dejará caer al suelo un plato de loza que sostenía en su mano, cuyos fragmentos deberán ser recogidos con un cepillo y un recogedor por los novios, barriendo él y sosteniendo la pala ella. Si hacen esto correctamente, significará que ambos serán capaces de trabajar juntos para resolver cualquier problema que surja en su vida de casados. Por último, la novia suele guardarse uno de los pedazos recogidos en una tela o servilleta a modo de recordatorio.

También es una tradición muy típica que los novios compartan un plato de sopa y la misma cuchara para tomarla, dándose de comer, alternativamente, el uno al otro. Si son capaces de hacer esto sin ningún tipo de problemas, significará que podrán cuidar uno del otro durante toda su vida.
Otra de las tradiciones checas más arraigadas, consiste en el “rapto” de la novia y posterior “rescate” por parte del novio. Pero en nuestro caso, lo que pudimos presenciar fue algo completamente diferente (en Chequia, las tradiciones suelen varíar sustancialmente de unas regiones a otras).
En un momento dado, un grupito de guapas muchachas ataviadas de rojo entra corriendo en la sala y se encarga de “secuestrar ” al novio. Entonces, ellas le atan el cuerpo con cintas, le colocan también una venda en los ojos y se lo llevan lejos de la novia, al fondo de la habitación, totalmente ciego y ajeno a lo que acontecerá a continuación. Aparece otro grupo, esta vez de muchachos, que escenifican un baile en torno a la novia, intentando seducirla, aunque por supuesto, todo es en vano.

Al no conseguir su objetivo, los buenos mozos conducen a la novia junto a su amado, cubriendo la cabeza de ella con una pañoleta (a semejanza de una anciana), para después enlazarlos -ahora a ambos- con las cintas que lo ataban antes solamente a él, mientras comienza a sonar una melodía romántica en el salón. Entonces, los chicos y chicas forman un corro a su alrededor, mientras los recién casados bailan el vals. Toda esta representación simboliza la fidelidad, el respeto y el amor eterno que se profesarán los recién casados durante el resto de sus vidas.

Y hasta aquí puedo contar…
Sólo quiero añadir una cosa más.
Expresaros, “S.” y “B.”, mi profundo agradecimiento por vuestra invitación, la gran oportunidad que me habéis brindado de disfrutar de algunas tradiciones de este país, de conocer esta encantadora ciudad que es Praga (que recomiendo visitar al menos una vez en la vida) y -dejo lo más importante para el final- por hacerme partícipe, al menos por unas horas, de estos hermosos momentos de vuestra felicidad.

Gracias eternas