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Fragmentos de una Utopía » 2009 » Diciembre

Archivo de Diciembre, 2009

3,2,1… felices sueños

Jueves, Diciembre 31st, 2009

 

 

 

Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio.
Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.

 
Borges, “El libro de arena”

 

Y al final llegó el final.

Maldito… bendito 2009.

Y no importa lo que ganamos en esta guerra, lo que tuvimos que dejar atrás -sueños rotos que barrimos con el cepillo de la tristeza.

Ahora, tan sólo importa este instante infinito. Y mi mano junto a la tuya. Un nosotros… aunque sea en la distancia

Este instante infinito…

…Y los que nos quedan por delante.

 

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Que el 2010 os halle en brazos de la Felicidad
Infinitamente vuestra,

maeko

 

12 campanadas

Jueves, Diciembre 31st, 2009

RECOMENDACIONES CINEMATOGRÁFICAS:

1.Låt den rätte komma in (Déjame entrar)

2. El secreto de sus ojos

3. Aruitemo Aruitemo (Still walking)

4. Celda 211

5. The visitor

6.  Toki wo Kakeru Shôjo (La chica que saltaba a través del tiempo)

RECOMENDACIONES LITERARIAS:

7. “Estoy desnudo” Yasukata Tsutsui

8. “El viajero del siglo” Andrés Neuman

9. “Tres novelas en imágenes” Max Ernst

RECOMENDACIONES MUSICALES:

10. “Wilco (the album)” WILCO

11. “The Crying Ligth” Anthony and The Johnsons

UNA EXPOSICIÓN QUE ESTÁ POR LLEGAR:

12. “Del éxtasis al arrebato. 50 años del otro cine español” MNCARS Primavera 2010

Espero que podáis disfrutar (si no lo habéis hecho ya) de alguna de las opciones entre toda esta oferta que acabo de proponer. Este 2009 ha estado lleno de grandes estrenos cinematográficos, pero tan sólo he seleccionado 6 de ellos, evidentemente, porque no quería acabar convirtiendo este listado en uno tan sólo dedicado al cine. En cuanto al aspecto literario, este año he leído poco (creo) y de forma intermitente (esa falta de tiempo para todo… grrrr), así que he colado entre los 3 títulos uno que corresponde al año pasado. Mis disculpas por ello. Y nada más… Escuchen mucha música, si no es la que propongo -porque no conecta con los gustos personales de cada uno-, otra que os haga vibrar y os sacuda literalmente hasta el último ápice de vuestras moléculas.

Y entre mis recomendaciones, también se coló de rondón una propuesta para el año que viene. La tengo apuntada en mi agenda desde hace meses… así que allí nos veremos si te decides a pasarte por allí…

NOTA: Esta entrada está todavía por acabar… asuntos más urgentes me reclaman :) , así que he decidido publicarla tal cual está y el año que viene, con un poco más de tiempo, podré completarla definitivamante. De momento, esta entrada, hasta que pueda editarla,  quedará publicada “Sin comentarios”.

¡Gracias por vuestra comprensión!

Las dos caras de una misma moneda

Jueves, Diciembre 31st, 2009

 

  

 

El cine oriental que consigue llegar tímidamente hasta nosotros cuenta con una ventaja de salida poderosa e innegable para poder jugar con nuestra empatía y enredar nuestras emociones en la compartida soledad de la sala de cine o en la frágil intimidad de nuestro salón: en el cine que solemos ver en occidente siempre se nos requiere un notable esfuerzo de partida para creernos a los mismos actores (especialmente en el cine norteamericano que devoramos con tanta avidez) interpretando un día a vagabundos y al siguiente a asesinos a sueldo o presidentes de un país –en ocasiones, las dos cosas a la vez.

Muchas veces, sentarse ante el último blockbuster o la enésima expresión del siempre moribundo cine de autor se convierte en un ejercicio de conformismo en el que siempre notamos que existe una barrera infranqueable entre nosotros y la pantalla, una fina membrana ajena a ósmosis emocionales que evita que nos convirtamos en parte de la historia que está ante nosotros, que nos impide ser metavisitantes de vidas ajenas y nos obliga a seguir siendo espectadores pasivos.

En medio de un urbanismo cinematográfico tan conocido, tan repetido y en ocasiones, de un tedio asfixiante –no por la calidad de las narraciones, que a veces son extraordinarias, sino porque construyen paisajes demasiado conocidos para el homo cinéfago de nuestra época-, escaparse de vez en cuando por barrios exóticos y poco transitados por nuestros sentidos resulta excitante en sí mismo.

Cuando caminamos por lugares tan al Este de nuestros itinerarios habituales, sólo son la historia, el ritmo, el lenguaje de la cámara (los ojos que tomamos prestados)…, quienes pugnan por nuestras sonrisas, lágrimas, escalofríos, por nuestra emoción, en una palabra. Son los actores, y no el peso de sus nombres, quienes ayudan a levantar las estructuras de esas realidades ficticias que buscan su rincón en la geografía cambiante de nuestra memoria futura.

 

Para remover nuestra perezosa imaginación, las reglas habituales cambian y los actores no constituyen ni el principal lastre ni el único motor que provoca que la historia avance ante nuestros ojos y oídos. Casi siempre desconocidos (menos para los muy entendidos, que no son precisamente muchos), salvo kitanotakeshis, ziyizhangs y chowyunfats, los intérpretes pueden entrar en nuestra mente sin utilizar vías secundarias en las que los tengamos que despojar de su halo de estrellas para empezar a creernóslos bajo su último disfraz.

En el cine japonés, por ejemplo, aparece una familia discutiendo, recordando y queriendo olvidar tiempos que ya no son,

o un amortajador preparando a un difunto según un ritual para nosotros desconocido, y los adoptamos automáticamente como tales.

La película, pues, aparece ante nosotros desnuda, desprovista de cualquier artificio más allá de su propio discurso.

 

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Este año han llegado a España dos piezas venidas de Japón, Aruitemo Aruitemo (retitulada por estos lares “Still Walking”, lo que no deja de ser curioso en un país en el que tan pocas personas entienden realmente inglés, aunque eso lo dejaré para otra ocasión) y Okuribito ( “Despedidas” ). Son dos expresiones de los problemas de (in)comunicación entre las personas que es tan esencial a la raza humana, aunque deliciosamente tamizados por la particular idiosincrasia de la cultura japonesa y su evocadora y sensual sintaxis narrativa.

En ambos casos, se exponen las diferencias (siempre repetidas en los cambios generacionales, por mucho que pensemos de forma naïf que nuestros hijos y nuestros nietos nos comprenderán perfectamente y viceversa)

entre la forma de pensar de quienes vivieron guerras y postguerras –a veces resulta difícil distinguir cuál de los períodos fue más terrible para quienes fueron arrastrados por esos años tan vacíos- y quienes se criaron (más bien, nos criamos) en épocas de paz- lo que quiera que signifique eso.

Sin embargo, el desarrollo de ambas películas es completamente diferente: mientras que Aruitemo Aruitemo teje una historia con apariencia de liviana sencillez en el exterior –y profundamente densa al analizarla con más detenimiento-, Okuribito desgrana con ritmo irregular una narración en exceso juguetona, que viste de trascedencia una historia muy simple.

En Aruitemo Aruitemo los silencios tienen tanta o más importancia que las palabras, se sucede con fluidez una tenue contatenación de elegantes elipsis que nos obligan a romper con nuestra condición de meros observadores y a rellenar los espacios en blanco que Koreeda, su director, nos propone como ejercicio catártico. En el extremo opuesto a la contención narrativa, Okuribito desarrolla artificios desgastados para provocar emociones rápidas y efímeras, busca escenarios que se suceden torpemente para introducir sin demasiada armonía humor grueso, melodrama exacerbado y minutos musicales de hermosas melodías fotografiadas como olvidables videoclips.

En un extremo de esta ciudad cimentada sobre imágenes y sonidos, Okuribito es una aparatosa coctelera en la que se mezclan muchos de los argumentos y argucias que alguna vez han funcionado en la pantalla de cine, y que en esta película malviven por momentos, sucediéndose escenas de esmerada intención artística con otras que entran dentro de la categoría de astracanada ¿in?voluntaria.

En el otro extremo, entre los antiguos edificios con esqueleto de celuloide y las nuevas obras construidas con pixel sobre pixel, Aruitemo Aruitemo se erige como nueva joya por su compleja sencillez. Nos negamos durante unos instantes a levantarnos de nuestra butaca, desearíamos poder olvidarla para así poder volver a verla por primera vez. Turbados por el denso eco de las reflexiones de sus personajes, volvemos a casa con sus voces instalándose suavemente en nuestro recuerdo.

En la película se nos confiesa con estremecedora elegancia que, en ocasiones, el odio puede ser una razón tan válida como otra cualquiera para seguir (sobre)viviendo.

Nos dibuja la familia como un lienzo de dos caras, cual Kandinsky bipolar o como un Bosco postmoderno que mezcla cielo, infierno y purgatorio: por un lado el afecto, por el otro resentimiento, y en la tierra de nadie que los separa, un lugar de inestable equilibrio, en continua exploración, nunca del todo conocidos sus límites. Cuando la imagen funde a negro entre suaves notas de cuerda, en el aire flota la idea de que algunos silencios pueden ser tan atronadores como un grito desesperado, y de que lo único en verdad inmutable es el cambio, siempre el cambio, que nos hace renacer.

 

 

 

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Fotogramas de Aruitemo Aruitemo y Okuribito

Música de Gontiti  B.S.O de Aruitemo Aruitemo

 

Tiempos canallas para el alma solitaria

Miércoles, Diciembre 30th, 2009

 

 

 

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Sentada junto a la ventana contemplo distraídamente el otro lado del cristal. Un deprimente paisaje de paraguas y nubarrones se filtra vagamente a través de mis pupilas. En la habitación resuena débilmente una canción de los Radiohead; su melodía finalmente acaba por impregnar de melancolía cada uno de los objetos que tengo a mi alrededor. Sobre la mesa, una taza de té humeante, el portátil encendido, una pila de libros a medio leer y varios folios emborronados en un estéril intento por romper este monólogo de silencio que me envuelve desde hace semanas. Pero me siento sin ritmo, atascada, inexplicablemente desenfocada. Llevo días sin poder concentrarme… mortalmente cansada. Quizás sea por culpa de la machacona alarma del despertador que un vecino despistado se olvidó de desconectar y que me amarga los sueños desde medianoche hasta casi las tres de la madrugada. Tal vez. Aunque tú sabes perfectamente que no se trata (sólo) de eso.

Estos días me he acurrucado dentro de mi caparazón intentando crearme un mundo paralelo bajo el que refugiarme de las inclemencias de la vida. Me he convertido (deliberadamente) en un ser solitario, antisocial. Porque, especialmente en estas fechas que corren, mi cuerpo no soporta demasiado bien los besos mal fingidos, ni las sonrisas de cartón piedra, ni los abrazos disfrazados de falsa comprensión. Y me pregunto por qué te empeñas en dar terceras oportunidades a personas que no se lo merecen. Supongo que tú también eres un caso sin remedio. Otro caso perdido, como lo es el mío. Y quizás sea esa una de las razones por la que nos caemos tan bien el uno al otro.

La habitación comienza a llenarse de sombras y el té se ha quedado frío. Mientras la oscuridad va adueñándose pausadamente del paisaje exterior, continuo con mi particular versión del “osoji” japonés, esa tradición de purificación de fin de año que consiste en realizar la limpieza general de la casa para recibir el Año Nuevo. Nunca creí que este tipo de costumbres tuvieran su efecto, aunque reconozco en ésta su vertiente eminentemente práctica. Así que ahora me hallo ordenando, clasificando este caótico escenario, tratando de eliminar el mal rollo, expulsando toda la falsedad y la mala suerte de este año moribundo fuera de la casa. Y me pregunto qué estarás haciendo en este instante.

Al final, he optado por coger uno de los folios que yacían sobre la mesa y me he puesto a escribir una lista con todo aquello -lo malo y desgraciado- que ha ocurrido a lo largo de estos doce meses, para, a continuación, tirarlo a la basura junto con el resto de las cosas inútiles que voy a enviar, sin posibilidad de billete de retorno (ilusa que es una), directamente al infierno.

Pero no creas que esto hace que me sienta mejor. El mundo continúa infecto por toda esa incapacidad de algunos para comprender y respetar. Hace tiempo comprendí que algo en sus corazones estaba muerto, estropeado para siempre. Y la única solución posible para lib(e)rarse de los que ya no tienen arreglo es volarles la cabeza en mil pedazos, como a los zombies. Y volver para rematarlos. Por si acaso…

Han pasado varias horas desde que comencé a escribir torpemente cuatro líneas en un puñado de folios desordenados. Ahora estoy preparando otra taza de té bien cargado, mientras espero a que se suban en el servidor las imágenes y las canciones que necesito para otras 3 entradas que quiero publicar antes de que acabe este año.

Y en la soledad de mi habitación, intuyo que durante esta larga noche, aún me quedan por degustar unas cuántas tazas del té más amargo…

 

(A veces pienso si no sería más feliz si no pensara) 

Imagen sacada de google