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Tiempos canallas para el alma solitaria

 

 

 

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Sentada junto a la ventana contemplo distraídamente el otro lado del cristal. Un deprimente paisaje de paraguas y nubarrones se filtra vagamente a través de mis pupilas. En la habitación resuena débilmente una canción de los Radiohead; su melodía finalmente acaba por impregnar de melancolía cada uno de los objetos que tengo a mi alrededor. Sobre la mesa, una taza de té humeante, el portátil encendido, una pila de libros a medio leer y varios folios emborronados en un estéril intento por romper este monólogo de silencio que me envuelve desde hace semanas. Pero me siento sin ritmo, atascada, inexplicablemente desenfocada. Llevo días sin poder concentrarme… mortalmente cansada. Quizás sea por culpa de la machacona alarma del despertador que un vecino despistado se olvidó de desconectar y que me amarga los sueños desde medianoche hasta casi las tres de la madrugada. Tal vez. Aunque tú sabes perfectamente que no se trata (sólo) de eso.

Estos días me he acurrucado dentro de mi caparazón intentando crearme un mundo paralelo bajo el que refugiarme de las inclemencias de la vida. Me he convertido (deliberadamente) en un ser solitario, antisocial. Porque, especialmente en estas fechas que corren, mi cuerpo no soporta demasiado bien los besos mal fingidos, ni las sonrisas de cartón piedra, ni los abrazos disfrazados de falsa comprensión. Y me pregunto por qué te empeñas en dar terceras oportunidades a personas que no se lo merecen. Supongo que tú también eres un caso sin remedio. Otro caso perdido, como lo es el mío. Y quizás sea esa una de las razones por la que nos caemos tan bien el uno al otro.

La habitación comienza a llenarse de sombras y el té se ha quedado frío. Mientras la oscuridad va adueñándose pausadamente del paisaje exterior, continuo con mi particular versión del “osoji” japonés, esa tradición de purificación de fin de año que consiste en realizar la limpieza general de la casa para recibir el Año Nuevo. Nunca creí que este tipo de costumbres tuvieran su efecto, aunque reconozco en ésta su vertiente eminentemente práctica. Así que ahora me hallo ordenando, clasificando este caótico escenario, tratando de eliminar el mal rollo, expulsando toda la falsedad y la mala suerte de este año moribundo fuera de la casa. Y me pregunto qué estarás haciendo en este instante.

Al final, he optado por coger uno de los folios que yacían sobre la mesa y me he puesto a escribir una lista con todo aquello -lo malo y desgraciado- que ha ocurrido a lo largo de estos doce meses, para, a continuación, tirarlo a la basura junto con el resto de las cosas inútiles que voy a enviar, sin posibilidad de billete de retorno (ilusa que es una), directamente al infierno.

Pero no creas que esto hace que me sienta mejor. El mundo continúa infecto por toda esa incapacidad de algunos para comprender y respetar. Hace tiempo comprendí que algo en sus corazones estaba muerto, estropeado para siempre. Y la única solución posible para lib(e)rarse de los que ya no tienen arreglo es volarles la cabeza en mil pedazos, como a los zombies. Y volver para rematarlos. Por si acaso…

Han pasado varias horas desde que comencé a escribir torpemente cuatro líneas en un puñado de folios desordenados. Ahora estoy preparando otra taza de té bien cargado, mientras espero a que se suban en el servidor las imágenes y las canciones que necesito para otras 3 entradas que quiero publicar antes de que acabe este año.

Y en la soledad de mi habitación, intuyo que durante esta larga noche, aún me quedan por degustar unas cuántas tazas del té más amargo…

 

(A veces pienso si no sería más feliz si no pensara) 

Imagen sacada de google

 

Un comentario para “Tiempos canallas para el alma solitaria”

  1. Luan dice:

    Pocas cosas pueden ser tan absurdamente aterradoras como una hoja en blanco herida de muerte y futilidad por la falta de inspiracion. Y mas cuando lo que intentas es desangrar tu alma. ¿Segundas y terceras oportunidades? Si no lo hicieras dejarias de ser tu, supongo. Si te dan la espalda, bueno, que mediten largamente lo que pierden, maeko. (Si quieres te dejo que me puntees las tildes, desde un movil me resulta complicado escribirlas). Un abrazo, tomate rapido ese ultimo te, que se te enfria.

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