Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 472

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 487

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 494

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-settings.php on line 530

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-includes/cache.php on line 103

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-includes/query.php on line 21

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /srv/disk4/bichitosan/www/fragmentosdeunautopia.awardspace.com/wp-includes/theme.php on line 623
Fragmentos de una Utopía » Blog Archive » Las dos caras de una misma moneda

Las dos caras de una misma moneda

 

  

 

El cine oriental que consigue llegar tímidamente hasta nosotros cuenta con una ventaja de salida poderosa e innegable para poder jugar con nuestra empatía y enredar nuestras emociones en la compartida soledad de la sala de cine o en la frágil intimidad de nuestro salón: en el cine que solemos ver en occidente siempre se nos requiere un notable esfuerzo de partida para creernos a los mismos actores (especialmente en el cine norteamericano que devoramos con tanta avidez) interpretando un día a vagabundos y al siguiente a asesinos a sueldo o presidentes de un país –en ocasiones, las dos cosas a la vez.

Muchas veces, sentarse ante el último blockbuster o la enésima expresión del siempre moribundo cine de autor se convierte en un ejercicio de conformismo en el que siempre notamos que existe una barrera infranqueable entre nosotros y la pantalla, una fina membrana ajena a ósmosis emocionales que evita que nos convirtamos en parte de la historia que está ante nosotros, que nos impide ser metavisitantes de vidas ajenas y nos obliga a seguir siendo espectadores pasivos.

En medio de un urbanismo cinematográfico tan conocido, tan repetido y en ocasiones, de un tedio asfixiante –no por la calidad de las narraciones, que a veces son extraordinarias, sino porque construyen paisajes demasiado conocidos para el homo cinéfago de nuestra época-, escaparse de vez en cuando por barrios exóticos y poco transitados por nuestros sentidos resulta excitante en sí mismo.

Cuando caminamos por lugares tan al Este de nuestros itinerarios habituales, sólo son la historia, el ritmo, el lenguaje de la cámara (los ojos que tomamos prestados)…, quienes pugnan por nuestras sonrisas, lágrimas, escalofríos, por nuestra emoción, en una palabra. Son los actores, y no el peso de sus nombres, quienes ayudan a levantar las estructuras de esas realidades ficticias que buscan su rincón en la geografía cambiante de nuestra memoria futura.

 

Para remover nuestra perezosa imaginación, las reglas habituales cambian y los actores no constituyen ni el principal lastre ni el único motor que provoca que la historia avance ante nuestros ojos y oídos. Casi siempre desconocidos (menos para los muy entendidos, que no son precisamente muchos), salvo kitanotakeshis, ziyizhangs y chowyunfats, los intérpretes pueden entrar en nuestra mente sin utilizar vías secundarias en las que los tengamos que despojar de su halo de estrellas para empezar a creernóslos bajo su último disfraz.

En el cine japonés, por ejemplo, aparece una familia discutiendo, recordando y queriendo olvidar tiempos que ya no son,

o un amortajador preparando a un difunto según un ritual para nosotros desconocido, y los adoptamos automáticamente como tales.

La película, pues, aparece ante nosotros desnuda, desprovista de cualquier artificio más allá de su propio discurso.

 

Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

 

Este año han llegado a España dos piezas venidas de Japón, Aruitemo Aruitemo (retitulada por estos lares “Still Walking”, lo que no deja de ser curioso en un país en el que tan pocas personas entienden realmente inglés, aunque eso lo dejaré para otra ocasión) y Okuribito ( “Despedidas” ). Son dos expresiones de los problemas de (in)comunicación entre las personas que es tan esencial a la raza humana, aunque deliciosamente tamizados por la particular idiosincrasia de la cultura japonesa y su evocadora y sensual sintaxis narrativa.

En ambos casos, se exponen las diferencias (siempre repetidas en los cambios generacionales, por mucho que pensemos de forma naïf que nuestros hijos y nuestros nietos nos comprenderán perfectamente y viceversa)

entre la forma de pensar de quienes vivieron guerras y postguerras –a veces resulta difícil distinguir cuál de los períodos fue más terrible para quienes fueron arrastrados por esos años tan vacíos- y quienes se criaron (más bien, nos criamos) en épocas de paz- lo que quiera que signifique eso.

Sin embargo, el desarrollo de ambas películas es completamente diferente: mientras que Aruitemo Aruitemo teje una historia con apariencia de liviana sencillez en el exterior –y profundamente densa al analizarla con más detenimiento-, Okuribito desgrana con ritmo irregular una narración en exceso juguetona, que viste de trascedencia una historia muy simple.

En Aruitemo Aruitemo los silencios tienen tanta o más importancia que las palabras, se sucede con fluidez una tenue contatenación de elegantes elipsis que nos obligan a romper con nuestra condición de meros observadores y a rellenar los espacios en blanco que Koreeda, su director, nos propone como ejercicio catártico. En el extremo opuesto a la contención narrativa, Okuribito desarrolla artificios desgastados para provocar emociones rápidas y efímeras, busca escenarios que se suceden torpemente para introducir sin demasiada armonía humor grueso, melodrama exacerbado y minutos musicales de hermosas melodías fotografiadas como olvidables videoclips.

En un extremo de esta ciudad cimentada sobre imágenes y sonidos, Okuribito es una aparatosa coctelera en la que se mezclan muchos de los argumentos y argucias que alguna vez han funcionado en la pantalla de cine, y que en esta película malviven por momentos, sucediéndose escenas de esmerada intención artística con otras que entran dentro de la categoría de astracanada ¿in?voluntaria.

En el otro extremo, entre los antiguos edificios con esqueleto de celuloide y las nuevas obras construidas con pixel sobre pixel, Aruitemo Aruitemo se erige como nueva joya por su compleja sencillez. Nos negamos durante unos instantes a levantarnos de nuestra butaca, desearíamos poder olvidarla para así poder volver a verla por primera vez. Turbados por el denso eco de las reflexiones de sus personajes, volvemos a casa con sus voces instalándose suavemente en nuestro recuerdo.

En la película se nos confiesa con estremecedora elegancia que, en ocasiones, el odio puede ser una razón tan válida como otra cualquiera para seguir (sobre)viviendo.

Nos dibuja la familia como un lienzo de dos caras, cual Kandinsky bipolar o como un Bosco postmoderno que mezcla cielo, infierno y purgatorio: por un lado el afecto, por el otro resentimiento, y en la tierra de nadie que los separa, un lugar de inestable equilibrio, en continua exploración, nunca del todo conocidos sus límites. Cuando la imagen funde a negro entre suaves notas de cuerda, en el aire flota la idea de que algunos silencios pueden ser tan atronadores como un grito desesperado, y de que lo único en verdad inmutable es el cambio, siempre el cambio, que nos hace renacer.

 

 

 

Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

 

Fotogramas de Aruitemo Aruitemo y Okuribito

Música de Gontiti  B.S.O de Aruitemo Aruitemo

 

Un comentario para “Las dos caras de una misma moneda”

  1. Luan dice:

    Me gusta mucho lo bien que bailan juntas las imagenes y las palabras al son de la musica de la entrada, en especial ese ultimo fotograma y su alegoria del renacer. No puede haber nada mas adecuado para entrar en un nuevo año.

Deja aquí tu comentario