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Fragmentos de una Utopía » 2010 » Junio

Archivo de Junio, 2010

The Cove (shallow water, deep secret)

Viernes, Junio 11th, 2010

 

 

Hay ciertos lugares en este mundo, por muy hermosos que puedan parecer a simple vista, que no se merecen un solo amanecer más. Dime qué película has visto últimamente en la que hayas podido sentir un crescendo de sorpresa, incredulidad, indignación, asco, vergüenza. ¿Desesperanza? Tal vez, también. Dime si has pasado alguna vez cerca de una pequeña cala apartada en la que lo más terrible no es el secuestro de sus acantilados recortados con paciencia por el tiempo, ni sus cobardes recovecos o sus carteles heridos de obtusas prohibiciones, no, lo más horrible es cuan insignificantes son los humanos que han deshumanizado lo que tendría que haber sido otro rincón más de un apacible pueblo pesquero.

Hoy se estrena en los cines de España “The Cove”, una vez más the Oscar goes to para una obra que merece un alto en el camino. Olvídate de artificiosas piruetas en dudosas tres dimensiones y de minutos perdidos entre el tedio cada vez más familiar en la oscuridad de un cine. Ésta es la película que tienes que ver si no lo has hecho todavía.

Una narración de una masacre sin sentido en un lugar que no es sino la burda sinécdoque de mucho de lo que falla en nuestra sociedad. Te estrellarás, como sus protagonistas, contra el muro de la insensatez, de la indiferencia de quien hace de la crueldad su forma de vida. No valen excusas sobre herencias culturales que impulsan a los pescadores a cometer tan soberano acto de sinrazón, sobre economías haciendo equilibrios apurados sobre el delgado hilo que es la caza salvaje de seres inteligentes.

“The Cove” es un documental que tiene un propósito concreto, su principal objetivo es crear conciencia a nivel mundial, denunciar una masacre cruel, continua, a la que la poderosa industria pesquera japonesa somete a los delfines.

Porque en una minúscula ciudad costera de unos 3.500 habitantes que se adorna con símbolos de cetáceos, que se proyecta al exterior como un lugar turístico que ama a los delfines, se esconde una cala con un horrible secreto, una cala innaccesible para los forasteros, a costa de su encarcelamiento y la deportación.

Inaccesible, hasta ahora.

Antes de ese clímax repugnante que se nos muestra en el documental, comprobamos que la localidad se sustenta actualmente en un modo de vida: los pescadores dedican sus esfuerzos a atraer hasta sus costas cientos, miles de delfines, para suministrar especímenes a los acuarios de todo el mundo, actividad que les reporta pingües bebeficios por cada uno de los ejemplares considerados como “válidos”. La típica excusa esgrimida por las autoridades de la ciudad, alegando que la caza de estos cetáceos es una tradición centenaria y debe ser mantenida, cae por su propio peso.

Pero tras el proceso de selección, los rechazados (millares de delfines cada año) son víctimas de una matanza gratuíta, sin sentido, pues como bien se explica en el film, la carne de esos animales, que a menudo se camufla en el mercado como carne de ballena, tiene tan elevadas concentraciones de mercurio, que resulta altamente tóxica para el consumo humano.

En el documental se explican las consecuencias  para la salud en la población de la pequeña localidad japonesa de Minamata por vertidos continuados de la petroquímica Chisso Corporation. Este desastre que fue descubierto en la década de los 50, ha provocado hasta la actualidad que aproximadamente unas 3000 personas se vieran gravemente afectadas por el consumo de pescado y marisco contaminados con mercurio.

Con semejantes antecedentes, resulta del todo sorprendente que las autoridades japonesas quisieran implementar el consumo de carne de delfín de manera obligatoria en los comedores escolares de todo el país. Conocedores de la atrocidad que iba a cometerse y que comprometía la salud de los pequeños de todo Japón, dos concejales del ayuntamiento de Taiji, Junichiro Yamashita y Hisato Ryono, tuvieron la valentía suficiente de denunciar este hecho ante el mundo.

 

 

Pero “The Cove” no termina con los créditos finales, no nos confundamos. La película se disuelve en la censura de ciertos gobiernos que prefieren la alienación de sus votantes –qué lejos pensábamos que estábamos de los totalitarismos medievales-, y continúa en las voces perversas de políticos y empresarios, cuyas palabras podrían marcar la diferencia, pero deciden plegarse a otro tipo de intereses menos altruistas.

 

 

Pero tengamos cuidado, no señalemos con el dedo. Este rincón oscuro no es en exclusiva propiedad de un país del Pacífico, no confundamos su sociedad, la totalidad de sus habitantes, con sus políticos. De hecho, en el propio documental se muestra el estupor, la incredulidad de anónimos ciudadanos japoneses ante semejante barbarie.

 

 

Y repito de nuevo: no señalemos con el dedo. En todos los países tienen –tenemos- nuestro “the cove” particular. Llamémoslo como queramos, corrupción, comercio de humanos, tráfico de muerte en bolsas de plástico, fiestas en las que se celebra el sufrimiento…

Tú eliges un país y su pecado… no tendrás que buscar demasiado.

De todas maneras, siempre habrá personas estrechas de miras que tras su visionado no tarden en arremeter en contra de la totalidad de los japoneses y tacharlos de… de lo que sea. Es inevitable. Otras que piensen que en el documental se da una visión partidista de un suceso, que no se trata más que de propaganda incendiaria, de un panfleto ecologista y tendencioso… Para opiniones, los colores, señoras y señores. El objetivo de documentales como el que nos ocupa es el de mostrar en imágenes esa otra verdad que se nos quiere ocultar, que encubren los medios, los gobiernos, tras los que hay miles y miles de yenes, dólares, euros, en juego. Aunque para conseguirlo tenga que mostrar esas imágenes tan duras, conmovedoras, de aguas teñidas de rojo sangre, mientras resuenan los agudos chillidos de las infelices criaturas antes de morir…

En eso cumple su función a la perfección.

Por esto y otras razones, “The Cove” es un documental que denuncia, de forma entretenida, a ratos emocionante, una tremenda realidad, y como bien se señala en esta reseña, cuenta con un guión bien estructurado combinando momentos de risa, otros de llanto, concienciación e incluso cultura animal.

Un film que fue dirigido por el antiguo fotógrafo de National Geographic Louie Psihoyos y grabado secretamente durante 2007 con la colaboración de un grupo de activistas liderados por Richard O´Barry, entrenador de los delfines de la archiconocida serie de televisión de los años 60 “Flipper”, quienes se juegan el tipo en una peligrosa misión encubierta para revelar al mundo lo que sucede en este lugar. Para tal fin, se emplearon aparatos de la más avanzada tecnología, micrófonos submarinos y cámaras de alta definición camufladas.

 

 

La película ha recibido numerosos galardones, entre otros, el premio del público en el Festival de Sundance y el Oscar al mejor documental del 2009.

Actualmente, su exhibición ha sido censurada en Japón.

 

 

Liberar delfines en cautiverio allá dondequiera que se encuentren. Exponer al mundo la oscura actividad que, año tras año y con el beneplácito de gobiernos y corporaciones, se da lugar en Taiji. Ésta es la cruzada de un hombre tratando de derribar una multimillonaria industria que él mismo ayudó a construir durante diez años.

Todo eso y más es “The Cove”. Yo que tú, no me lo perdería.

 

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(Podemos ser héroes, podemos apostar por la libertad, podemos salvarnos a nosotros mismos… y ser auténticos, sólo por un día… o por siempre… Para siempre)

 

 

 

Trailer en español

Extended Clip en japonés

 

Fotos y fotogramas: google, imdb, thecovemovie

 

 

La vida en blanco

Jueves, Junio 3rd, 2010

 

 

En la quietud de la noche, el lejano brillo de una estrella parece vibrar al paso de la negrura.

Aprieto fuertemente tu brazo, los ojos cerrados, el paso vacilante. Y trato de no tropezarme con el abismo, de no caer en el vertedero de su egoísmo.

Pero cuando la belleza inesperada enmudece y me quedo a ciegas, sola, busco a tientas un profundo cielo estrellado al que poder aferrarme.

Y si al abrir los ojos, esa sensación de intemperie, de paredes desconchadas y ventanas desvencijadas, irrumpe de nuevo como una cascada de recuerdos hechos jirones, encendiendo los sentidos, desbaratando la perfecta caligrafía, no puedo evitar pensar en azares consentidos, invisibles telas de araña y segundos infantilmente desperdiciados.

Y la nada, ese vacío de blancura atronadora, se vuelve ahora más tangible que nunca.

 

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 Pintura: Kazimir Malévich