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Fragmentos de una Utopía » Tempus Fugit?

Archivo de ‘Tempus Fugit?’ Category

Moonshine

Viernes, Septiembre 28th, 2012

 

 

 

Tudo bem? preguntas con cierto aire distraído

Un pensamiento silenciado entre las vastas sombras se proyecta cercando la tenue figura que camina junto a la orilla

Inmerso en un paraíso de polvorienta miseria, el presente va quemándose en un océano de acerados olvidos

Una afilada luna susurra insolente mi nombre desde la plácida negrura

Y mientras tres estaciones se vacían una tras otra en un día

finalmente acierto a responder… Tudo bom

 

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Logical maths

Viernes, Marzo 9th, 2012
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Resuelva gráficamente la expresión matemática:
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Solución:
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Óleo: Vincent Van Gogh “De sterrennacht” (1889). MOMA, New York
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Sakura no hana Monogatari

Miércoles, Abril 7th, 2010

 

 

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Un nuevo brote
y el trino esperanzado
del ruiseñor

 

 

 
Frágil adorno
prendido entre cerezos
el farolillo

 

 

  
Sobre el azul
de sake la sonrisa:
ojos vidriosos

 

 

 
El yozakura-
dorado el horizonte
del paseante

 

 


Bajo las ramas
como estrellas fugaces
los blancos pétalos

 

 

 
Flor de sakura
su belleza marchita
en el asfalto

 

 

(Quizá… el año que viene)

 

 Fotos: chikache, bananagranola, bbssom, joliotcurieinenglish, Alfie, google.

 

Diarios de un cometa

Lunes, Septiembre 28th, 2009

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Toda historia tiene un punto de partida, un número, una luz. Una luz para cada vida que ha sido, que será. Y como casi todas las vidas, los cometas esperan su momento. El momento de despertar. El comienzo del viaje, de la búsqueda, de la caída hacia el abismo. De la desolación.

Porque por unos segundos en la luz, daríamos la vida entera.

Soy uno de otros tantos cometas, vagabundo a la deriva en un universo hostil, virulento. Insignificante como una mota de polvo. Descendiente de restos de estrellas deslumbrantes, lejanas; moldeada con fragmentos de tóxicos planetas ardientes. Un carbón que, desde el comienzo, ha estado enfriándose -muriendo-, con un largo y sordo quejido, desde antes del dramático estallido de aquel  big bang, retorciéndose en la luminiscencia del cosmos.

Nuestro tiempo, el del cometa, es el de la derrota, el de la corriente de agua que se desliza inexorable ladera abajo, engullida por el oscuro océano, como luz de antorcha que se disipa agonizante en el más mortífero de los vacíos. 

Y mientras el rutilante astro va cayendo en pedazos, voy avanzando paso a paso en mi camino, adentrándome más y más en el vasto, oscuro infinito. Moviéndome a través de mi espacio. De mi tiempo. Cayendo hecha pedazos… cada vez más y más deprisa. Cada vez más liviana… Inmersa en este viaje hacia lo indefinido, deslizándome cadenciosa a través de los sueños en busca de nuevos mundos capaces de albergar esa luz tan ansiada. La vida.

En su recorrido, el cometa se cruzará con otros seres tan solitarios, tan silenciosos como él. Las huellas del camino lo llenarán de cicatrices, esparcirán sus deseos por el fango, esculpiran su superficie con recuerdos de quebrantos y  amarguras. Y de vez en cuando, se balanceará en el regazo de una luna dormida, acunado al son de una intensa melodía.

Entonces se remontará por encima de las nubes de ácido, del aire venenoso que puebla los desolados parajes. Y contemplará la magia en los confines del universo -polvo y gas en constante danza-, en ciclos infinitos de nacimiento y destrucción, aniquilando galaxias enteras, creando nuevas estrellas.

Y durante su largo viaje,  el cometa solitario descubrirá multitud de mundos, nebulosas difusas, inmensos racimos de estrellas, collares de luces de supernova. Mundos horadados por cientos de volcanes en erupción. Presenciará el horror, testigo absorto de la bella crudeza de un universo que, como él, se desmorona, deshaciéndose en pedazos, desprendiéndose de la metralla procedente de la apoteósis, de la gran explosión. Y el ser a la deriva, expuesto, minúsculo, vulnerable, pasará  de largo cientos de planetas muertos, fósiles vacíos, polvorientos desiertos incapaces de albergar una luz, en su búsqueda implacable por hallar una respuesta.

Pero, ¿apostarías tú por una insignificancia, tan sólo una gota de agua que se desliza tramposa a través de los remotos confines transparentes?

Porque este viaje, algún extraño día, acabará, quién sabe si derretido el congelado corazón del cometa por el arrebatado beso de una estrella. O, quizá asfixiado por su propio polvo, el cuerpo oscuro y sin alma vagará eternamente por el espaciotiempo.

Y en esta noche, mientras me contemplo desde el cielo, y el cielo me devuelve la mirada, quiero saber qué soy yo. Si éste es el principio del viaje. O estoy inmersa en el olvido.

Porque, quizás,  casi nada o nadie pueda sobrevivir aquí. Ni tan siquiera, estos pedazos -fragmentos descompuestos de mi memoria- que, irremediablemente, se desintegran cada vez que me aproximo -una vez más- al abrazo eterno del sol. 

 

 

Imágenes de aquí

Tic tac, tic tac

Lunes, Julio 27th, 2009

 

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¿Qué es el tiempo? ¿Qué es la vida?

Segundos, minutos acumulados, uno detrás de otro, mientras el sol sale y se pone un día y otro día y otro día también… Una suma de instantes que van quedando incompletos, difuminados, a medida que nos alejamos cada vez más de ellos.

¿Qué es la vida?

Un pasado que ya no es, una memoria deformada de aquello que un día fue y no volverá jamás, aunque haya sucedido para siempre. Y un futuro que aún está por escribir. Porque nuestra vida es un ser en perpetua construcción.

Sin embargo, en lugar de contemplar plácidamente el latido de los segundos y disfrutar, saborear pausadamente cada uno de sus momentos, nos esforzamos por llenar nuestros vacíos de angustia, de frenesí, tratando de apretujar el tiempo -tan escurridizo-, ahogados, apresurados como estamos por vivir desaforadamente nuestro presente.

Puede que quizá tan sólo seamos un conjunto de oportunidades perdidas…

¿Qué es el tiempo?

Todo es tiempo. Tú y yo somos tiempo. Y el tiempo corre, vuela, sueña… y olvida.

Quizá tan sólo seamos seres en tránsito, confusos, finitos, irreversibles.

Y puede que nuestra mayor riqueza, lo único, y a su vez, todo lo que tenemos -lo que nos queda- en esta vida, no sea más que tiempo.

 

 

Fotografía sacada de google

 

Regalarte la luna

Lunes, Julio 20th, 2009

 

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¡Cuánto nos falta por fuera!
¡Qué tiempo tan corto, el nuestro
cuando el mundo nos lo cuenta!
¡Qué caminos tan cerrados
cuando buscamos caminos
sobre la faz de la tierra!
¡Qué futuro tembloroso,
incierto, si se le mira
con la mirada aritmética
que cree que el porvenir
es un año, más un año,
y así todos,
hijos de la misma pena.
¡Qué tristes nos sentiremos
si miramos a los otros
y queremos ser así
lo mismo que ellos: hacemos
traición a nuestra pareja!
¡Si desertamos los seres
inconfundibles que somos
por querer ser como son
las sombras que nos rodean!
Nos hemos ido probando
las vestiduras ajenas:
no sirven para nosotros,
todas nos están estrechas.
No, las medidas del mundo
son para ti y para mí,
las medidas de la pena.
No intentemos vivir más
dentro de ellas.
Un mar no cabe en un lago,
una mirada no cabe
en los ojos que la engendran,
y un alba nunca ha cabido
en una lámpara. Como
las arañas, las bombillas
llorando están, porque sueñan
con ser esa luz total
llamada el día: la luz.
No. ¿Por qué querer vivir
en las medidas estrechas
que tanto daño nos hacen
al ponérnoslas
sobre los cuerpos del sueño?
Vamos, ven conmigo, vamos.
Vamos a buscar las nuestras.
No te busques ni me busques
en eso que se nos niega
del mundo de los demás.
Un mundo maravilloso
se nos está dando, mientras,
al otro lado.
Escápate de ese afuera
que nos hechizó un instante,
y verás, al dar la vuelta
cuanto tenemos por dentro.
¿No ves nuestra vida allí?
Hagámonos nuestro tiempo
nosotros mismos. Las horas,
los días irán latiendo
al compás de ese reló,
primero y solo, el eterno
reló, que cuenta la vida
desde la caja del pecho.
Inventemos nuestro espacio
(¡Qué ahogado el espacio ajeno!)
Su cielo siempre lo encuentran
los que buscan su cielo,
sin brújulas razonables,
oscuramente, hacia dentro.
La vida nos dice: “No.
No podéis”. Pero nosotros
decimos: “Sí, sí podemos”.
Si en la vida, en la de todos
no hay para nosotros hueco,
dos seres pueden hallar
otra vida en esta vida,
si quieren seguir viviendo.
Y cuando ella, desde afuera,
nos manda
separarnos, por sus leyes,
otra ley paciente y honda,
—voluntad de no morir—
nos dice
que aunque apartados en ella,
aquí dentro, en nuestra vida
por nosotros alumbrada,
que ya se siente nacer,
nunca nos separaremos.
Poema de Pedro Salinas

 

Amanecer, y la vida, entera
   
Fotograma de “2001: A Space Odyssey”
  

Bye bye 2008

Miércoles, Diciembre 31st, 2008

  

Seamos felices. Disfrutemos como niños de los últimos segundos de este año.

Aunque las sombras que pueblan nuestros rincones sean hoy más grandes, más anchas, bajo los brillos de esta noche anciana iluminada por los miles de resplandores de la ciudad.

Porque fulgor y oscuridad cabalgan siempre de la mano. Como el día junto a la noche. Y el orden no cobra sentido sin ser antes caos. Ni las sonrisas tienen el mismo valor si nunca antes se ha derramado alguna lágrima.

Tú decides en qué lugar prefieres estar.

En la quietud, entre penumbras. O en el desorden, junto a la luz.

Por unas horas, pintemos una sonrisa en nuestros labios y enfrentemos la vida, que suficientes momentos amargos nos tocará vivir durante el siguiente año.

El futuro ya está aquí. Casi puedo tocarlo con las manos.

Y ante todo hoy, esta noche, seamos como niños…

…Felices.

 

 

Nos vemos el año que viene. Te estaré esperando con una sonrisa en los labios.

 

 

Luna de otoño

Domingo, Noviembre 9th, 2008

 

 

 

El reloj señaló indiferente las doce y media de la madrugada de un domingo de noviembre. Un escenario desolador de frío y asfalto mojado me rodeaba por doquier.
Las calles desiertas y débilmente iluminadas contemplaron como arrastraba a duras penas una maleta cargada con casi el doble del peso de hace dos semanas. Una auténtica locura. Lo sé. Fui repasando con la mirada cada escaparate, cada edificio, cada rincón de esta ciudad dormida y descubrí, tras cada esquina, detalles nuevos que me pasaron desapercibidos días, semanas atrás…

 

La misma historia que se repite una y otra vez. Porque sucede siempre tras regresar de un largo viaje. El reencuentro me produce un sinfín de extrañas sensaciones que difícilmente puedo explicar. Como si me convirtiera en forastera de mi propio hogar. Como si al marcharme lejos, muy lejos de casa por un tiempo, recobrara la capacidad de volver a percibir los auténticos colores y sonidos de la ciudad. Sus latidos. Su alma. Su voz.

Tan sólo han transcurrido siete días desde que regresé de mis vacaciones por Japón, pero parece que todo aquello formara parte de un pasado remoto. Tarea inútil tratar de buscar el motivo del porqué a veces el tiempo juega a ser etéreo y otras veces eterno. Quizás sea que este frío casi invernal ha aletargado mis sentidos y embotado un tanto mi perspectiva temporal. O quizás no. Quien sabe. Lo que si sé con seguridad, es que en cada viaje que hago, voy dejándome pequeños pedazos de alma allí por donde paso. Y al final del trayecto contemplo como un vacío un tanto amargo se instala en mi corazón. Porque resulta doloroso abandonar un lugar tan hermoso del que es inevitable no quedar prendado para siempre.

Lo peor del viaje fue tener que regresar. Y la incertidumbre del hasta cuándo la maleta permanecerá de nuevo en el trastero. Y la fastidiosa tarea de poner tropecientas lavadoras para que una maldita camiseta infame no destiñera el resto de la colada (de los errores a veces se aprende, querido mío).

Ahora me paso los días tratando de recoser las cicatrices de mi alma, mientras observo una a una los cientos de fotografías, mientras una luna cuasi llena ilumina los recuerdos de un dulce sueño, disfrazando este otoño de primavera.

La geometría de una lágrima

Lunes, Octubre 6th, 2008

 

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El sonido del tiempo interrumpió nuestros sueños poco antes del alba. Tras la ventana, un mundo aún inacabado contemplaba con ojos perezosos las frágiles gotas de lluvia que caían como fina cortina de cristal sobre el pavimento…

Un aire húmedo comenzó a instalarse en el vacío de la estancia, instantes antes ocupada por la penumbra. Un aire tan extrañamente denso que acabó por ahogar el suave murmullo de una vida robada al desencanto. Guardé los frágiles ecos de sonrisas lejanas mientras recorríamos apresuradamente calles y avenidas con la pesada carga en los brazos.

Unos sencillos paraguas de plástico fueron rasgando a cada paso la negritud de aquella noche que se sabía ya herida. En un instante, desde aquel vagón de un tren atestado de gente contemplaríamos cómo la mañana iniciaba cadenciosa su lento despertar…

Una luz mortecina y lejana iba bañando el paisaje que transcurría distante a través de la ventanilla. Intenté fijar la mirada en un punto deseando no abandonarme a mis pensamientos, pero acabé mareada y deseosa de encontrarme en un planeta remoto. Todo en vano. Cerré los ojos. A mi alrededor, un puñado de salaryman ataviados de indiferencia, dormitaban algo apretujados entre los asientos.

Entonces, una amarga punzada acudió repentinamente a mi garganta. Desorientada, te busqué alarmada y acabé por no encontrarte. Hasta que me tropecé con una mirada tranquilizadora -la tuya-, que me abrigaba el alma desde el otro lado del compartimento.

Los minutos fueron cayendo con la pesadez del plomo, mientras la distancia comenzaba a exhalar ya su último aliento. El tren había llegado finalmente a su destino. A nuestros pies, Nara nos aguardaba silenciosa.

La ciudad amaneció bajo negros nubarrones, escenario perfecto para el triste devenir de aquel día. Un olor a soledad impregnaba la mañana gris, mientras el taxi recorría raudo las calles intentando esquivar inútilmente el aguacero. En el cielo, las nubes seguían llorando desconsoladas.

La entrada del templo se divisaba a lo lejos imponente, majestuosa. Sorteamos como pudimos la marea de gente que a temprana hora se agolpaba ya en las inmediaciones, mientras las manadas de ciervos nos observaban indolentes desde ambos lados del camino.

Advertía cómo mi corazón se aceleraba a cada paso. Y comenzaba a sentir la mirada inquietantemente borrosa. Entonces, tu mano se encontró con la mía. Y tuve la extraña sensación de que volábamos.

Ni siquiera reparé en los grupos de niños y niñas con sombreritos amarillos que nos cruzamos. Hasta la gigantesca figura de bronce que descansaba en el interior de la estancia principal me pasó desapercibida.

Abandonamos aquel recinto y recorrimos el angosto pasillo situado a mano izquierda. Y allí estaba. Ese momento tan esperado nos alcanzó. El tiempo pareció haberse congelado y las manecillas del reloj quedaron mudas por un instante. Vacilé unos segundos, pero tu mirada volvió a reconfortarme.

No restaba más que esperar obediente mi turno -una niña más- en la hilera de personas. Y entre tanto, intentaba desesperadamente silenciar la creciente agitación que prendía mi alma.

Tomaste con cuidado el libro, testigo de miles de kilómetros de este viaje. Y de su interior, una fotografía.

Acaricié aquella imagen entre mis manos emocionadas. Y reuní el poco valor que aún me quedaba, contemplando lo que cruelmente me había sido negado ya para siempre.

Alargé vacilante el brazo y pasé la foto hasta el otro extremo de la columna. La sorpresa (o el desconcierto) se asomó a los ojos de quienes el azar transformó en testigos imperfectos de un jeroglífico que no acertaban a descifrar.

El dolor de tu ausencia, el amargo aroma del adiós, hizo descender mi ánimo hasta una bruma de olvido…

Y mientras un taxi atravesaba fugaz la ciudad de Nara, volviste a estrechar suavemente mi mano entre las tuyas. Mientras recorríamos apresuradamente calles y avenidas, ya sin la pesada carga entre los brazos. En el cielo, las nubes continuaban llorando desconsoladas.

Sólo entonces, las lágrimas inundaron mi alma y la fina lluvia se fundió con mi rostro.

La mañana siguiente, un nuevo amanecer contemplaría nuestros últimos instantes en Japón…

Cronología de un big bang

Viernes, Octubre 3rd, 2008

Hubo vida antes del big bang. Encerrada en mis ojos conservo la prueba, los frágiles restos de una memoria que se niega a descomponerse, a abandonarse irremediablemente en el océano del espaciotiempo.

Una colección de palabras desgastadas, destellos de un pasado en blanco y negro que conservo grabado en el corazón. Tiempos pretéritos reflejados en la imagen de lo que hoy somos y en lo que nos convertiremos.

Hubo una vida antes del big bang…

Y tú lo sabías ya, pues en este mundo todo fue, todo es y todo será fuego eternamente vivo.

La foto de aquí